A excepción de la animación -en la que destacan los títulos del famoso Studio Ghibli-, las películas japonesas escasean en el catálogo de Netflix. Entre las pocas que hay se cuentan la recomendable Un asunto de familia y ahora también Lazos de sangre.

Así se títula (Mother: Mazâ es su nombre original) el nuevo filme del director Tatsushi Ohmori y en el que decide contar una historia real, la de una joven madre que tiene una relación tóxica con su hijo y que termina con una tragedia.

Quizás al comienzo no parece que fuera así, porque Lazos de sangre comienza con una escena donde Akiko (Masami Nagasawa) pedelea alegre calle abajo mientras el pequeño Shuhei (Sho Gunji).

Una familia disfuncional

Lazos de sangre | Netflix

Dembulando por ahí, siempre con Shuhei detrás, la mujer conoce a Ryo (Sadao Abe), un hombre violento y vividor que, al igual que ella, también parece estar perdido en el mundo.

Ambos comienzan un relación y pronto Akiko queda embarazada, pero él decide abandonarla.

Luego, la cinta da un salto temporal y muestra a esta familia disfuncional cinco años después, cuando Shuhei ya es un adolescente y tiene una hermana menor, Fuyuka.

Ahora los tres se mueven sin rumbo por calles indiferentes y empobrecidas, sin un hogar fijo, con poco para comer y Akiko aprovechando cada ocasión para tener relacion pasajeras con otros hombres.

Más conscientre de su miserable realidad, Shuhei piensa en algunos momentos en abandonarla y darle un vuelco a su vida, pero la compleja relación con su madre puede más. Son los Lazos de sangre a los que hace referencia el título.

Como la historia en que se basa es de por sí cruda, el director decide contarla de una manera sencilla y realista, sin florituras ni efectismos.

Así, va mostrando un drama angustiante con final trágico y en el que deja que el espectador emita todos los jucios morales que pueden surgir de la relación entre esta madre y su hijo./LtFinde-

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