Las aguas por las grandes inundaciones que dejó la tormenta tropical Iota en Honduras, con mayor magnitud en el norte del país, comenzaron a bajar este jueves, pero el peligro sigue por la destrucción que dejó la tormenta tropical Iota, con el suelo altamente saturado de agua y vulnerable.

En el extenso y fértil valle de Sula, que sigue inundado, el nivel del agua achocolatada que dejó Iota ha bajado, por lo que algunos damnificados que se habían concentrado en las medianas de algunos bulevares hoy decidieron retornar a sus casas o lo que queda de ellas.

El país ha sufrido intensas lluvias desde el domingo, cuando Iota, convertido en huracán categoría 5 en la escala Saffir-Simpson, se acercaba a las costas de Nicaragua, donde su efecto fue demoledor.

En Honduras, el fenómeno ha causado destrozos en todo el país, en algunas regiones más graves que en otras.

Hasta ahora la estatal Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) ha confirmado la muerte de 14 personas, en el occidente del país, en cuatro derrumbes en los departamentos de Ocotepeque, Lempira e Intibucá registrados el miércoles.

El paisaje que se observa desde el aire en el valle de Sula es desolador, con muchas casas cubiertas totalmente por el agua, otras a la mitad y en muy pocos claros se puede ver la superficie del suelo.

El Aeropuerto Internacional José Ramón Villeda Morales, situado entre los municipios de La Lima y San Pedro Sula, la segunda ciudad más importante de Honduras, que ya había sido inundado por la depresión tropical Eta, que también fue huracán en categoría 4, de nuevo fue anegado por Iota.

Luego del paso de Eta, las autoridades tenían previsto que el aeropuerto reanudara sus operaciones el 15 de diciembre, pero por los nuevos daños más severos que dejó Iota, no se sabe cuando volverá a la normalidad.

Las graves inundaciones no permiten el aterrizaje de aviones, lo que agudiza más la tragedia del país, ya que no puede recibir ayuda por vía aérea para atender a la población y otro tipo de asistencia que se requiere en la zona.

Varias regiones del oriente, sur, occidente, centro y norte de Honduras siguen incomunicadas por el corte de carreteras y destrucción parcial o total de puentes, lo mismo que grandes derrumbes de tierra y derribo de árboles.

Honduras comenzaba a evaluar la magnitud de los daños que dejó Eta, con al menos unos 74 muertos, cuando Iota llegó, dejando una estela de mucha destrucción, luto y dolor en la empobrecida nación centroamericana, que en 1998 fue devastada por el también poderoso huracán Mitch, en la peor tragedia que hasta entonces había sufrido. /EFE-

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