Los líderes de la Unión Europea trataron el jueves de hacer frente a los crecientes desafíos de la pandemia de COVID-19, incluyendo mayores llamamientos para limitar la movilidad y reforzar los controles fronterizos para contener más variantes infecciosas de la enfermedad.

En vísperas de una videoconferencia con el resto de líderes del bloque, la canciller alemana, Angela Merkel, dijo que los países europeos debían tomarse en serio la nueva mutación encontrada en Reino Unido para evitar una tercera ola.

“No podemos descartar el cierre de fronteras, pero queremos evitarlo mediante la cooperación dentro de la Unión Europea”, dijo en una rueda de prensa celebrada en Berlín.

La canciller añadió que los mandatarios, que tienen pleno control sobre sus propias fronteras, estaban discutiendo protocolos de pruebas de Covid-19 para los viajeros transfronterizos.

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Alexander De Croo, primer ministro de Bélgica, donde los casos per cápita son menores que en los países vecinos, dijo que pediría a los demás líderes de la UE que restrinjan los viajes no esenciales, como el turismo.

“La más mínima chispa podría hacer que las cifras volvieran a subir. Tenemos que proteger nuestra buena posición”, declaró a la emisora VRT.

Los jefes de las instituciones de la UE han instado a los dirigentes a mantener la unidad y a intensificar las pruebas y las vacunaciones, aunque Merkel dijo que no esperaba que se tomara ninguna decisión formal en la reunión que se celebrará a partir de las 1700 GMT, la novena de este tipo desde que comenzó la pandemia.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo el miércoles que los cierres generales de fronteras no tienen sentido y son tan eficaces como las medidas específicas.

El ministro luxemburgués de Asuntos Exteriores, Jean Asselborn, cuyo país depende de los desplazamientos de sus vecinos, declaró a la radio Deutschlandfunk que el cierre de las fronteras fue un error en 2020 y lo seguirá siendo este año.

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El Ejecutivo comunitario también quiere que los Estados miembro acuerden un enfoque común para los certificados de vacunación antes de finales de enero. Así, un certificado de Estonia sería aceptado en Portugal, por ejemplo.

España, por su parte, está impulsando la idea en el seno de la UE y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), según declaró el jueves su ministra de Asuntos Exteriores.

Los diplomáticos de la UE dijeron que era prematuro, ya que aún no está claro si las personas vacunadas podían seguir transmitiendo el virus a otras.

“En cuanto a los terceros países (no pertenecientes a la UE), habría que estudiar si se aceptan las vacunas rusas o chinas”, añadió uno de ellos. /Rts-Aristegui-

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