Luego de algunos años reporteando para el Financial Times, Aravind Adiga decidió trabajar como periodista freelance para usar parte de su tiempo en escribir su primera novela. La que, compuesta de poco más de 300 páginas, se publicó en 2008 bajo el título de Tigre blanco.

El mismo nombre con que hoy el libro, ganador del importante Man Booker Prize, llega a Netflix como película, para compartir con el espectador una historia que, en palabras del mismo Adiga, busca revelar las brutales injusticias de la sociedad india.

Un relato que en pantalla se inicia con su protagonista, Balram Halwai (Adarsh Gourav), vestido como marajá y sentado en la parte posterior de un auto, mientras una pareja ríe en sus asientos delanteros hasta que algo o alguien se cruza en su camino.

Tigre blanco | Netflix

Pero, como él mismo Balram aclara, esa escena, que ocurrió en la Dehli de 2007, tendrá una explicación más tarde. Antes el espectador viaja con él hasta 2010, cuando es un exitoso empresario en Bangalore, la denominada Silicon Valley de la India.

Es en su oficina donde empieza a escribir un mail que tiene como destinatario el Primer Ministro chino Jiabao, quien en poco días visitará su país y se reunirá con emprendedores locales. Balram, que se incluye dentro de ellos, quiere compartir con él sus vivencias.

Condenado a una casta

Tigre blanco | Netflix

Sin embargo, su experiencia dista de la de un comerciante normal y, como él se lo relata, comienza en su niñez en la aldea de Laxmangarh, donde era uno de los pocos de su clase que leía. Un rasgo que para su profesor era diferenciador, como un tigre blanco en la selva.

Pero sus deseos de surgir gracias al estudio acabaron cuando su dictatorial abuela lo sacó de la escuela, para que comenzara a trabajar en la tienda de té junto a su hermano mayor, al tiempo que su padre manejaba un rickshaw -un carro de dos ruedas- por el pueblo.

Una vida de sacrificio que empeoraba cada vez que el patrón de la aldea, La Cigüeña (Mahesh Manjrekar), recolectaba un tercio de lo poco que ganaban los lugareños. Acción a la que nadie se oponía por pertenecer a una casta inferior que debe obedecer a sus amos.

Tigre blanco | Netflix

Una situación que siempre molestaba a Balram y que él comparaba con las aves que esperan en el gallinero para ser vendidas y degolladas. Pero una luz apareció en su camino cuando supo que el hijo menor de La Cigüeña necesitaba un chofer.

Un joven llamado Ashok (Rajkummar Rao) que hace poco había vuelto desde Estados Unidos con su esposa Pinky (Priyanka Chopra) y que venía por una temporada a su tierra natal, ayudando a su padre y hermano con los ilícitos negocios familiares.

La luz y la oscuridad de una sociedad

Tigre blanco | Netflix

Luego de deshacerse del primer chofer, el ambicioso, pero a la vez sumiso Balram consigue transformarse en quien lleve a Ashok y su mujer hasta Delhi, donde él y su hermano, El Mangosta (Vijay Maurya), deben hacerse cargo de algunas citas “comerciales”.

Una serie de reuniones donde pagan sobornos a diferentes personas y de las cuales el joven chofer va tomando nota, acumulando además aún más recelo contra sus patrones, quienes viven en el lado luminoso mientras los más pobres sobreviven en la oscuridad.

Con esta idea rondando por su cabeza, Balram se convierte en el testigo del sucio accionar de los patrones, esperando el momento en que su suerte cambie. Pero hay una gota que rebalsa el vaso de su paciencia y marca el inicio del giro que tendrá su existencia.

Una historia de injusticias, desilusiones y traiciones que el director y guionista Ramin Bahrani (Fahrenheit 451) va dibujando entre el drama y el humor negro, dándole un ritmo preciso y atrayente que hace olvidar las dos horas que dura su narración.

Lo que sumado a buenas actuaciones, en especial la de Gourav como el antihéroe Balram, y la fotografía de Paolo Carnera, hace de Tigre blanco una cinta más que recomendable. Donde el drama y la ironía revelan injusticias que hasta hoy se experimentan en distintos rincones del mundo. /LtFinde-

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