Los desastres naturales son fuente de inspiración, aunque no tan recurrente, para que estudios y productores de Hollywood den vida a películas donde el hombre se enfrenta a los elementos, como en el caso de este estreno de Netflix: La fuerza de la naturaleza.

Un largometraje que llega a la plataforma para contar una historia que se desarrolla en el mismo momento en que a Costa Rica, el escenario de su trama, arriba un huracán que alcanzaría el nivel 5, la categoría más destructiva que un evento de este tipo puede lograr.

Pero todo se inicia ocho horas antes, cuando una adinerada y madura mujer es secuestrada por un par de individuos, quienes la obligan a ir a su banco en San Juan, la capital de la isla, para que abra la caja de seguridad en que guarda una valiosa obra de arte.

Pronto se sabe que el jefe criminal se hace llamar Juan el Bautista (David Zayas) y fácilmente puede eliminar a uno de sus hombres cuando ya no los necesita. Al mismo tiempo que se conoce a los otros personajes que se cruzarán en su camino.

El primero es Cardillo (Emile Hirsch), un desilusionado oficial de la policía que recibe como misión, junto a Jess Peña (Stephanie Cayo), ir a evacuar a de sus hogares a quienes todavía no se han trasladado a refugios para evitar la furia del huracán.

Pero antes deben ir a un supermercado, donde dos clientes se pelearon porque uno de ellos se estaba llevando toda la carne. Su nombre es Griffin (Will Catlett) y la compraba para su mascota, como explica a los policías antes de ser acompañado por ellos a donde vive.

Entre un peligro natural y el criminal

Así, Griffin y los oficiales llegan al edificio de departamentos que se convertirá en escenario de una violenta aventura. Donde también habita un enfermo ex policía llamado Ray Barrett (Mel Gibson), quien está acompañado por su hija Troy (Kate Bosworth) y se niega a dejar el lugar.

A ellos se suma un reclusivo hombre de apellido Bergkamp (Jorge Luis Ramos) que es a quien llegan a buscar Juan el Bautista con su grupo criminal. Pero para mala suerte del ladrón, Bergkamp logra escapar junto a Cardillo hasta el departamento de Griffin.

Y es aquí donde se produce una de las escenas más inauditas de la cinta, cuando la “mascota” de este último -un gran felino que no puede verse bien-  ataca a su amo y lo deja mal herido. Esto lleva al policía a unirse a Troy, que es doctora, para buscar algo para curarlo.

Así, con todos los personajes, buenos y malos, distribuidos a través del edificio, comienza una especie de juego del gato y el ratón, donde por un lado Carrillo y Troy evitan las balas de los criminales, al mismo tiempo que Barrett y Peña reúnen armas para defenderse.

Una sucesión de escenas de acción a la que inesperadamente se suma al coqueteo entre Troy y Carrillo, que dilata aún más la ayuda a un Barrett que se está desangrando en su departamento, en tanto Peña y Barrett son atacados por un hombre fuertemente armado.

Las contradicciones de un guión a la deriva, quizás afectado por la fuerte lluvia y vientos huracanados alrededor de La fuerza de la naturaleza; cinta que no logra sacar partido a una idea que en el papel se veía prometedora, obligando a los actores a hacer lo mejor que pueden. / Con información de LtFinde-

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