-El documento advertía que las medidas de los gobiernos iban a ser «insuficientes»

Si hace tan sólo un mes nos hubiesen asegurado que medio planeta iba a estar confinada y la otra mitad a punto de estarlo, probablemente no lo hubiéramos creído. Ahora, tras casi 400.000 contagiados por el coronavirus COVID-19 y más de 17.000 muertos en todo el mundo por esta pandemia, estados de alarma, disciplina social, actividad económica reducida a su mínima expresión y todos los grandes acontecimientos deportivos cancelados o aplazados, incluidos los Juegos Olímpicos de Japón, la pesadilla es real y tangible.

A todos nos ha agarrado desprevenidos. Bueno, a todos no. El Panel de Monitoreo para la Preparación Global (Global Preparedness Monitoring Board, en inglés), un grupo independiente compuesto por 15 expertos internacionales convocados por el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud (OMS) dieron la señal de alarma nada menos que en septiembre de 2019 de la que se nos venía encima. Lo hicieron en el informe  Un mundo en riesgo (puedes consultarlo aquí, en inglés).

 En este ‘paper’ anunciaban, como si se tratara de una bola de cristal, que una pandemia de un virus desconocido podía provocar el pánico, desestabilizar la seguridad nacional y cortar la economía mundial. Y advertía que las medidas de los gobiernos para hacer frente a un desafío de esta magnitud eran en ese momento «extremadamente insuficiente». Dicho documento aseguraba que tanto la crisis climática como el urbanismo desenfrenado, entre otros factores, posibilita que este tipo de crisis de salud pública fuera más difícil de manejar.

En el documento se abogaba por una mayor financiación pública a nivel nacional e internacional frente a posibles brotes de pandemia, algo que se hizo en el momento posterior a la epidemia de ébola de 2014, si bien esta medida no se ha sostenido en el tiempo.

Enumeramos las siete conclusiones del informe que hoy parecen proféticos:

  1. Los países deberían desarrollar sus capacidades nacionales básicas de salud pública.
  2. Se deben mejorar las capacidades de vigilancia nacionales y mundiales, con un enfoque en ayudar a mejorar la gestión de la respuesta epidémica.
  3. Se deben desarrollar marcos para el diagnóstico y la distribución de equipamiento frente a patógenos respiratorios de alto impacto, más allá de la gripe.
  4. Los países y la OMS deben evaluar y mejorar los sistemas de salud para prepararse frente a emergencias de enfermedades infecciosas.
  5. Los países y las autoridades sanitarias internacionales deberían incorporar plenamente la participación de la comunidad científica en esta preparación.
  6. Los países y la OMS deberían desarrollar y ejercer planes de riesgo comunicación durante alertas de este tipo.
  7. Dirigir la I + D al desarrollo rápido de vacunas para nuevas amenazas y la fabricación de estos productos debe ser la mayor prioridad en la planificación de una pandemia mundial.

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