En marzo pasado Netflix reveló una de las caras más oscuras del fútbol italiano en la película Ultra. Meses después vuelve a hacerlo en Un partido decisivo, una nueva producción de ese país.

Si en la primera cinta se adentraba en el mundo de los ultras, las barras bravas del fútbol de allá, tan violentas y temidas como los hooligans ingleses, ahora muestra a un equipo amateur de las afueras de Roma, que tiene una hinchada tan apasionada como los ultras.

Claro que acá esos fanáticos son unos pocos, que se reúnen en torno a una cancha de tierra para ver un partido de su equipo, el Sporting Roma.

Es el reverso de los glamorosos clubes italianos, donde el equipamiento profesional y los jugadores con contratos millonarios se reemplazan por pelotas viejas y gastadas y adolescentes que compiten drogados.

De hecho, el Sporting es más bien un equipo mediocre, que nunca ganó un juego y que ahora debe enfrentar un partido decisivo más para los protagonistas de la película que para los jugadores: Antonio, el delantero (Gabriele Fiore); su padre, Paolo (Fabrizio Sabatucci); el entrenador, Claudio Bulla (Francesco Pannofino); y el presidente del club, Umberto (Giorgio Colangeli).

Entre el fútbol y sus negocios sucios

Casi igual que un partido de fútbol, el filme del director Francesco Carnesecchi dura casi 90 minutos y en dos tiempos, que se juegan tanto dentro como fuera de la cancha.

Adentro, los adolescentes apenas se esfuerzan por meter un gol y lo que más consiguen es meterse en peleas, las típicas de los pichangas de barrio, alentados por la hinchada

Mientras, fuera de la cancha el padre de Anto y los dirigentes hacen hacen apuestas y negocios sucios a costa de los sueños y el destino de estos futbolistas amateurs.

Al mismo tiempo, Un partido decisivo va mostrando la vida cotidiana de la familia del joven jugador, en unas escenas divertidas que agregan algo de humor negro a esta historia que se mueve el fútbol y los negocios sucios que están dentrás.

Además, a ratos también se introducen algunos saltos temporales que en un principio desconcertan y que recién al final, en los minutos de descuentos, hacen que el relato cobre algo de sentido.

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