Deloitte | Cuando las portadas de revistas de negocio nos emocionan con la promesa del análisis de datos – que tiene a la inteligencia artificial (IA) como punta de lanza –, de lograr la eficiencia organizacional y optimizar la calidad del negocio, consideramos fundamental añadir dos pilares indispensables al equilibrio de esta nueva arquitectura empresarial. Por un lado, esta promesa sólo se puede cumplir si se asegura primero la confiabilidad de los datos mediante el establecimiento de un “Gobierno de datos”. Adicionalmente, una nueva vertiente conexa se está haciendo cada vez más estratégica y de ésta, queremos hablar hoy. Se trata de la “ética tecnológica”.

De la integración de los datos en nuestras vidas esperamos precisión, transparencia, criterios racionales. Pero al mismo tiempo recibimos cantidades de “fake news”, usos indebidos de datos confidenciales, amenazas sobre la privacidad y la libertad, y por ende, sentimos mucha confusión e inquietud acerca de esta novedad fundamental que es el mundo del big data.

El año pasado, Deloitte y el Instituto de Tecnología de Massachusetts produjeron un estudio sobre innovación digital que arroja que el 57% de los líderes en empresas avanzadas en la transformación digital, consideran el tema de la ética tecnológica, contra un 16% en las empresas principiantes en el tema.

La madurez digital puede generar un aumento de la conciencia ética. En lo que respecta a tecnologías específicas, por ejemplo, el continuo crecimiento de la IA ha provocado una mayor preocupación por las repercusiones éticas de la aplicación de una tecnología capaz de “pensamiento superior” y de tomar decisiones.

En las empresas más maduras, se suele contar con el apoyo de líderes comprometidos con la exploración y el examen de los efectos previstos y no previstos de las innovaciones tecnológicas, para el cual se busca fomentar una organización diversa fomentando una cultura de aprendizaje continuo, debate, transparencia y diálogo abierto. Para eso los líderes centran su cultura en implicaciones de las nuevas tecnologías en su comunidad, en la sociedad y en el futuro.

¿Cuáles son los pasos para empezar?

  1. Llevarla la ética tecnológica hacia una responsabilidad compartida, inclusiva y multifuncional. Debe involucrar a todas las funciones y ser defendida en la cima.
  2. Tener impulso ético desde el principio del diseño de herramientas/estrategia y productos/servicios, para ayudar a la organización a anticipar.
  3. Hacer de la tecnología ética parte de un enfoque holístico. Las políticas éticas y técnicas no tienen por objeto sustituir el cumplimiento general o la ética comercial, sino más bien reforzarlas.
  4. Asegurar que no es “sólo” una actividad de cumplimiento o de política. Los marcos de sensibilización, reconocimiento y toma de decisiones en materia de tecnología ética deberían formar parte del ADN cultural de la organización.
  5. Equipar a las personas con los recursos para responder. Es importante que las organizaciones proporcionen a sus trabajadores los recursos, activos e instrumentos pertinentes para ayudarles a reconocer los dilemas éticos, evaluar las alternativas y tomar (y probar) decisiones técnicas éticas.
  6. Permitir a su enfoque evolucionar. Dado que la tecnología evoluciona rápida e imprevisiblemente, los enfoques de la tecnología ética no pueden “fijarse y olvidarse”, sino que deben evaluarse y actualizarse según sea necesario.

Adoptando una mentalidad de tecnología ética, las organizaciones se prepararán a responder a los desafíos éticos que surgirán con el tiempo.

Por: Gilles Maury, Líder de Innovación de Consultoría de Deloitte

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