Tal y como sucede con los riñones, en la vesícula también se pueden producir cálculos, conocidos coloquialmente como piedras. Entre un 10% y un 15% de la población los padece. Su frecuencia aumenta con la edad y son entre dos y tres veces más comunes entre las mujeres.

¿Qué es?

La litiasis biliar es una enfermedad frecuente caracterizada por la presencia de cálculos biliares o piedras en la vesícula. Se produce por un desequilibrio químico en la composición de la bilis dentro de la vesícula biliar.

La bilis, producida por el hígado, ayuda a la ruptura de lípidos. Este desequilibrio provoca la formación de cristales minúsculos que eventualmente pueden convertirse en las llamadas piedras. Miden desde unos pocos milímetros (también llamado lodo o barro biliar) hasta algunos centímetros. Pueden aparecer aislados o en conjunto. Se pueden presentar en la vesícula biliar (colecistolitiasis), en los conductos biliares (colangiolitiasis) o en el conducto colédoco, o en vía biliar principal de los ductos biliares del intestino (coledocolitiasis).

Existen dos clases fundamentales de cálculos: los de colesterol y los pigmentarios. Los primeros pueden ser de colesterol puro (son poco frecuentes y no representan más del 10% y su peso en más del 50% es de colesterol). También existen las piedras mixtas de colesterol, que son más frecuentes, y su composición incluye, además, calcio, bilirrubina, proteínas, carbonatos y fosfatos. Ambos tipos están relacionados con la alimentación. Los segundos, los pigmentarios, no guardan conexión con la dieta.

¿Cuáles son sus causas?

Son varios los motivos que causan su aparición, y el envejecimiento es uno de los principales. De hecho, la probabilidad de padecer cálculos biliares es cuatro veces más elevada a partir de los 40 años.

También es mucho más frecuente entre las mujeres, tanto por el consumo de la píldora anticonceptiva como por los embarazos debido, posiblemente, a la acción de los estrógenos sobre la bilis.

Otros motivos frecuentes son: la obesidad o sobrepeso, el exceso de bilirrubina, llevar una dieta rica en grasas y azúcar y pobre en fibra y líquidos, padecer cirrosis hepática, recibir nutrición parenteral, sufrir diabetes mellitus o enfermedad de Crohn, así como afecciones que provocan una excesiva destrucción de glóbulos rojos.

Asimismo, un factor de riesgo es la pérdida rápida de peso por seguir una dieta muy baja en calorías o tras una cirugía para atajar problemas de sobrepeso y obesidad.

¿Cuáles son los principales síntomas?

Hasta un 40% de los casos no ‘da la cara’, pero los signos frecuentes que delatan su existencia son: dolor que aparece de improviso y dura unos instantes en la parte superior derecha del abdomen o entre los omóplatos. Náuseas o vómitos, distensión abdominal, intolerancia recurrente de alimentos grasos, cólicos, eructos, gas, indigestión. Además pueden producir, sudoración, febrícula, escalofríos u ojos y piel amarillenta.

¿Cómo se diagnostica?

El historial médico y la manifestación clínica del paciente es el primer paso. El especialista puede, además, recomendar una ecografía, pero solo los cálculos de 5 milímetros son detectados en esta prueba. Por todo ello, el equipo médico puede disponer de la realización de una endoscopia con producto de contraste.

Asimismo se pueden llevar a cabo un TAC, una colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE), una gammagrafía de la vesícula con radionúclidos, una colangiopancreatografía por resonancia magnética (CPRM), una colangiografía transhepática percutánea (CTHP), pruebas de función hepática, así como sanguíneas que evalúen la bilirrubina o enzimas pancreáticas.

¿Cuál es el tratamiento?

Se debe tener en cuenta que muchos pacientes no van a requerir de él. Sin embargo, en los casos que sí sea necesario, hay que tener en cuenta que a pesar de que existe tratamiento farmacológico, este tipo de terapia puede tardar tiempo, incluso años, en hacer efecto y los cálculos pueden retornar después de su finalización.

Por todo ello se ha estado recurriendo a la llamada colecistectomía abierta (extirpación de la vesícula biliar). Sin embargo, ahora este tipo de intervención se realiza con menos frecuencia y se recurre a la colecistectomía laparoscópica (con incisiones pequeñas y una recuperación más rápida). Si las piedras también han causado el bloqueo de los ductos biliares se podrían realizar otros procedimientos que incluyen:colangiopancreatografía endoscópica retrógrada (CPER) o la colangriografía hepática percutánea (CTHP).

Pautas dietéticas

Se deben evitar las carnes rojas, hígado, vísceras, pescados azules y el alcohol. Es importante prescindir de los azúcares, la cafeína, las grasas saturadas o las bebidas carbonatadas.

Es mejor comer varias veces al día y en pequeñas cantidades. Absolutamente necesario es aumentar la ingesta de verduras y frutas (excepto aguacate o coco), así como enriquecer la dieta con granos integrales como arroz, pasta y pan integral y prescindir de bollería industrial, lácteos enteros, chocolate, salsas u hojaldres. Se recomienda, también, beber agua en abundancia y practicar ejercicio físico. /Alimente-

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