“Dicen que la historia la escriben los vencedores. Olvidan decir que se reescribe con el tiempo”, se escucha decir a una niña en los minutos iniciales de La Revolución, la nueva serie de Netflix que, emulando esas palabras, revisita el pasaje más famoso de los anales de Francia.

Un capítulo donde el pueblo, cansado de los abusos, se levantó contra los nobles en 1879. Sin embargo, el relato central del nuevo espacio de la plataforma se ambienta dos años antes, alejado de la pobreza de las calles de París o la opulencia del palacio de Versailles.

Su escenario es el condado regentado por Guy de Montargis (Pierre Aussedat), quien lleva ya varios meses lejos de casa, supuestamente en la corte de Luis XVI, dejando a cargo de sus territorios y del cuidado de sus dos hijas a su hermano Charles (Laurent Lucas).

La Revolución | Netflix

Pero la sobrina mayor de éste, la condesa Élise (Marilou Aussilloux), está lejos de necesitar de su ayuda y menos que se involucre con su pequeña hermana Madeleine (Amélia Lacquemant), quien sufre de extrañas visiones y pesadillas recurrentes.

De forma paralela se conoce a Joseph Guillotin (Amir El Kacem), un joven médico de origen humilde, que trabaja en la prisión local y es testigo de la llegada a una de sus celdas de un hombre a quien acusaron de matar a un jovencita local.

Pero Joseph, el futuro ideólogo de la guillotina, tiene dudas sobre la culpabilidad de Oka (Doudou Masta), como se llama el supuesto asesino de la muchacha, y comienza a investigar un pedazo de la ropa del verdadero atacante que halló en el bosque.

La historia se une a lo sobrenatural

La Revolución | Netflix

Así, el médico obtiene una muestra de sangre de color azul (¡¿?!) que contiene un feroz virus. El mismo que estaría tras el cambio de personalidad de Guy, que lo llevó a ser confinado por su hermano, y que los nobles planean utilizar para someter a las clases bajas.

Las revelaciones continúan con el regreso a Francia de Albert Guillotin (Lionel Erdogan), a quien hace 12 años dieron por muerto, tanto por su hermano Joseph como por su enamorada de ese entonces, una joven Condesa de Montargis.

Lo que ellos ignoran es que todo este tiempo él estuvo en Estados Unidos, donde fue herido mortalmente en batalla y revivido por una extraña mujer. Un renacer que cambió el color de su sangre y le otorgó fuerza extraordinaria, además de inmortalidad y un hambre insaciable.

De esta manera, capítulo a capítulo -de un total de ocho-, La Revolución va mezclando sucesos paranormales con el descontento del pueblo, aquí representado por La Fraternidad, el grupo de rebeldes liderados por la valiente Marianne (Gaia Weiss).

Pero, a pesar de la presencia de ella y sus compañeros de armas, los verdaderos y convulsionados días que se vivían por esos años en Francia, se transforman solamente en el decorado de una historia plagada de hechos y situaciones sobrenaturales.

Todo lo que convierte a la nueva apuesta francesa de Netflix en una buena serie de ficción, con algunas pinceladas de historia, que entretiene, pero que podría haber sido aún más efectiva si su combinación de realidad y fantasía fuese más equilibrada./LtFinde-

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