Alguien tiene que morir es el nuevo desafío de Manolo Caro, el director mexicano que debutó hace ya más de 10 años realizando cortometrajes.

Luego de comedias como Amor de mis amores y La vida inmoral de la pareja ideal, le pegó el palo al gato con La Casa de las Flores, la popular serie de Netflix que se estrenó en 2018 y que conquistó con la tragicómica historia de la acaudalada familia de La Mora.

La asociación de Caro con la plataforma de streaming tiene ahora un nuevo capítulo con Alguien tiene que morir, una miniserie en un registro muy diferente a los otros trabajos del mexicano.

Si La Casa de Las Flores era una comedia colorista, kitsch y con mil referencias a la cultura pop, su nueva apuesta es un thriller desgarrador, sombrío y opresivo.

Alguien tiene que morir | Netflix

Además, es su primera producción en España, donde se ambienta esta miniserie de tres capítulos, que traslada al espectador hacia 1954, en plena dictadura franquista, cuando las heridas de la Guerra Civil todavía sangran.

A ese país llega al inicio de este relato Gabino (Alejandro Speitzer), el hijo de Gregorio (Ernesto Alterio) y Mina Falcón (Cecilia Suárez), tras pasar una década en México junto a la familia de su madre.

Pero no regresa solo, porque lo acompaña su mejor amigo, Lázaro (Isaac Hernández), un bailarín de ballet que apenas llega a España se convierte en el centro de los comentarios del conservador círculo social que lo recibe.

Un regreso trágico

Alguien tiene que morir | Netflix

La presencia de Lázaro incomoda a varios, pero sobre todo a Amparo (Carmen Maura), la matriarca de los Falcón.

Ella es un mujer de carácter fuerte y manipuladora, que está a favor de la dictadura de Franco y que se desvive por mantener las apariencias y las tradiciones.

Entre ellas la del matrimonio por convenciencia, como lo que su familia tiene preparado a Gabino, a quien quieren comprometer con Cayetana Almasna (Ester Expósito), la hija de la familia Almansa.

Pero el joven regresó de México dispuesto a vivir la vida a su modo y no la que le impone su familia, asumiendo incluso el amor que siente por Lázaro.

Su decisión provoca un terremoto en su familia y trae consecuencias trágicas, porque como muestra Alguien tiene que morir, el franquismo franquista no solo perseguía a los “rojos”, los simpatizantes de los partidos de izquierda, sino también a los homosexuales y las lesbianas.

Incluso a los “desviados” -como los llaman en la serie- los perseguían, encarcelaban y hasta los torturaban.

Con esa historia desgarradora, el director mexicano va abordando problemáticas que aun siguen vigentes, como la homofobia, la intolerancia y el racismo.

Al mismo tiempo, vuelve a incidir en una de los temáticas que ya desarrollaba en La Casa de las Flores: la doble moral de la clase alta, con todas sus historial de traiciones y secretos y sus tradiciones absurdas.

Como la que cruza este relato y que aquí practican las familias ricas, la practica de tiro al pichón, esa ave a las que les cortan las alas para que no puedan volar y así matar más rápido.

Elenco de lujo

Alguien tiene que morir | Netflix

Aunque la miniserie es corta, cortísima, conmueve no solo con su relato opresivo, también con su perfecta ambientación, con el dramatismo de la banda sonora del ganador del Goya Lucas Vidal y, especialmente, con sus actuaciones.

Tal como lo hizo en su anterior serie para Netflix, Caro volvió a juntar a un elenco que incluye a figuras mexicanas y españolas, algunos de larga trayectoria (Ernesto Alterio, Mariola Fuentes) y otros rostros jovenes en ascenso, como Speitzer (Oscuro deseo), Espósito (Élite) y Carlos Cuevas (Merlí).

Aunque quienes más impactan en Alguien tiene que morir son Carmen Maura, como la matriarca fría y despiadada, toda una villana, y Cecicilia Suárez, la recordada Paulina de la Mora de La Casa de las Flores y, a estas alturas, la musa de Caro.

Alguien tiene que morir | Netflix

Mención aparte merece el debut en la pantalla del mexicano Isaac Hernández, primer bailarín del English National Ballet y quien recibió el Benois de la Danse de la Asociación Internacional de la Danza de Moscú, algo así como el premio al mejor bailarín del mundo. /LtFinde-

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