«Que Hybrid Theory es el mejor disco de Linkin Park; pero después de él se vendieron y nada fue lo mismo» La frase clásica de muchos. El álbum que los catapultó casi de inmediato al mainstream se convirtió al mismo tiempo en una condena que cargaron toda su carrera. La banda promesa del nü metal qué sucumbió ante el comercialismo y el pop.

A veinte años del disco debut vamos a desmentir ese mito. El que fuera una banda nü metal porque, en realidad, Linkin Park siempre fue una banda pop, y del bueno. ¿Cómo así? Veamos.

El concepto detrás de Linkin Park

Hybrid Theory fue lanzado un 24 de octubre del 2000. No pudo haber mejor momento. En medio de la efervescencia de la segunda generación del nü metal, Linkin Park seguía una ruta similar a la antes trazada por bandas como Deftones, Korn o Slipknot, sin embargo, se las arregló para marcar un diferencial. Su propuesta musical, se sentía por alguna razón, más fresca.

Las letras de Linkin Park eran intimistas. Una mezcla de sentimientos, rabia y desesperación. Hablaban del agujero en el que todos estamos metidos alguna vez en la vida y del que solo enfrentándonos primero a nosotros mismos podremos salir. La banda era la representación perfecta de y para su público. Angustiados, inconformes, sensibles y al borde de explotar en cualquier momento. Todos alguna vez quisimos gritarle “Shut up when i’m talking to you” a alguien en la cara.

Había fragilidad en la voz de Chester, incluso en los momentos más guturales y de mayor fuerza. Pero también decisión en el rap de Mike Shinoda. El dúo no se inventó las letras porque ello vendiera, estaban escribiendo sobre el impacto de sus propias experiencias personales:

«Al principio fue atemorizante; cuando empezamos a escribir lo que sentíamos. Pero una vez que nos dimos cuenta de que no éramos los únicos que nos sentíamos así, y una vez que vimos que el público lo compartía con nosotros, nos liberamos. Queríamos ser un poco más descriptivos, en lugar de estar todo el tiempo diciendo “fuck”. Queríamos entrar en detalles», dijo Mike Shinoda en 2001, sobre el proceso de escribir las letras del disco.

La fórmula ganadora

No destacaron por ser raros como Korn, no puteaban cada tres frases como Limp Bizkit, ni pretendían atemorizar como Slipknot. Eran tipos corrientes, como cualquiera cantando sobre lo jodida que suele ser la vida normal. Y esa era su performance. No pretendían demostrar nada. Eran tan suficientemente sensibles como abiertos para escribir sobre temas viscerales y en unas cuantas palabras hacérnoslos sentir cercanos y propios.

El show se centraba en la experiencia compartida. De vez en cuando, Chester desafinaba en vivo, se notaba el esfuerzo en su voz, e incluso esos errores involuntarios aportaban emotividad al acto. Como alguien que se quiebra al decir algo con pasión. Genuinos. Durante la primera gira, aún sin la fama global, pero con la popularidad a cuestas; salían después de cada concierto a convivir con el público. Esa cercanía reforzaba la sencillez que mostraban sobre el escenario.

La apertura de Bennington a hablar sobre los problemas de su adolescencia, sobre el haber sufrido abuso sexual o sobre su adicción a la cocaína, no hacían más que reforzar su transparencia:

«Creo que de ahí salen las letras llenas de ira» dijo alguna vez Chester en una entrevista para Rolling Stone allá por el 2001, durante la primera gira. «Nunca compuse una canción acerca de eso, porque no considero que le importe a la gente. Pero no lo escondo, porque no creo que uno deba estar avergonzado o atemorizado por cómo es, o por cualquier cosa que haya pasado».

Imagen promocional de Linkin Park en 2001.

El éxito comercial no es coincidencia

Bajo el ala de Warner Bros, Linkin Park podía solo esperar un debut a lo grande. Pan comido. Gracias a la maquinaria de la industria discográfica de entonces, la radio y por supuesto MTV diciéndonos a quién adorar, la banda conquistó inmediatamente al público. Desde entonces, apenas con su primer disco bajo el brazo, Linkin Park ya era el más grande éxito pop de esta generación del rock alternativo, pero no por ello eran plásticos.

Visto en retrospectiva, Linkin Park podría bien haber sido una banda fabricada en el estudio con una fórmula comercial para alcanzar el éxito. Aprovechar el éxito del nü metal y mercantilizar la incertidumbre y angustia adolescente de la generación del nuevo milenio para calar en su público objetivo. Tenían el sonido acorde a la época, refinado; el look, cool; las letras y la actitud, perfectas con las cuales identificarse. Un nicho definido y una compañía detrás para potenciar todo.

El ejemplo más inmediato de éxito pop podría ser “In the end”, el hit comercial que cualquiera de sus contemporáneos hubiera querido conseguir alguna vez. Deja lejos y por mucho a “Chop Suey”“Freak on a Leash” o “Break Stuff”. El más poderoso sencillo de Linkin Park transita con facilidad en cualquier nicho sin dejar de ser nü metal: tanto entre los nümetaleros que crecieron con ella —sea o no el mejor tema o su favorito—, como en el de los golondrinos musicales sin preferencias marcadas e incluso, entre los curiosos que sin tener al rock como eje central en sus vidas, acogieron este tema por gusto personal, moda o recomendación.

Clasificado como nü metal para efectos comerciales y por que así sonaba “Hybrid Theory”, Linkin Park bien pudo haber sido siempre un grupo de pop y no por ello sería menos importante. Eran los dosmiles y para el rock, el nü metal era el pop de aquel entonces. Como alguna vez lo fue el rock & roll estilo Beatles de los sesenta o el glam rock en los ochenta.

Nacieron en medio la ola de popularidad del nü metal, con toda esa influencia a flor de piel y es lógico que la abrazaran entonces. Lógico también que su fórmula encontrara un nicho que lo catapultara al éxito. Pero fuera de eso ¿Quién los clasificó como exclusivamente nü metal? No fueron ellos.

El segundo disco lo prueba, el género no era menos popular y las críticas del público —aún con el sutil cambio en el sonido— eran de esperarse. Entonces, ¿Para qué autosabotearse? Tal vez porque más que un cambio forzado por la industria, se trataba en realidad de un cambio bastante orgánico para la banda, basado en la curiosidad genuina por explorar nuevas posibilidades rítmicas.

Linkin Pop

El pop no es un género, es una etiqueta que no hace referencia a variables estrictamente musicales ni de “calidad” (o falta de ella), sino a su forma de producción y consumo.

Lamentablemente hay una especie de desprecio hacia lo que se etiqueta como pop. Visto desde los que desde su tribuna se consideran a sí mismos “cultos” y con sus parámetros inciertos, se suele definir al pop como un asunto básicamente empresarial y divorciado del arte. Desalmado y carente de organicidad. La música al servicio de la manipulación mediática. Y con todo eso se pretende erigirlo casi como una afrenta hacia el honor de un artista. “Venderse”, le dicen. Pero olvidan que básicamente, todo el rock clásico que conocemos y admiramos hoy cumple también esos estándares. Desde The Beatles hasta Nirvana.

¿Qué era el nü metal sino uno de los géneros más comerciales, mediáticos y populares por ese entonces?

Dice Jaime Altozano que el valor del pop no está principalmente en la música sino “en la narrativa que presenta”, en “la historia”, esa con la que uno se identifica. La excelencia tampoco está solamente en la complejidad musical, eso es básicamente teoría y ejecución. La genialidad está en saber como conectar la música, primero con lo que quieres decir y luego con la audiencia. Aún así, Linkin Park tiene todo lo anterior. Narrativa, profundidad lírica, gran instrumentación y facilidad para conectar con el público. ¿Era pop? Pop del bueno.

Nü metal: solo un punto de partida

Linkin Park quería y podía hacer más que nü metal. Así como hubo variedad, también hay guiños al género en todos los discos. Durante la promoción del último disco, en un ensayo de presentación por streaming, entre juegos y jams, transformaron “Heavy” al cómo sonaría en la etapa ‘Hybrid Theory’ con suma facilidad, y de paso al reggae ¿Por qué no?.

Cuantas veces trasladaron también temas del debut a versiones acústicas, en piano e instrumentales. Cuantas veces experimentaron en vivo y con otros artistas invitados ¿Y la experimentación los demos? Podían pasearse por donde quisieran y lo hicieron. Quien creyera que Linkin Park pretendía ser exclusivamente nü metal, estaba viviendo en burbuja.

¿Una prueba más? Mike Shinoda creando temas completos en minutos durante sesiones en vivo a través de Twitch, brincando entre el rap, el rock y la electrónica; entre las guitarras, los beats y los synths. La creatividad nunca se agotó, la curiosidad y la facilidad para navegar entre estilos tampoco. Porque es esa la verdadera esencia de Linkin Park. Nunca estuvieron atados a algún género. Fue el público el que pretendió hacerlo.

7 de marzo 2017

Nota: Las citas en esta nota fueron extraídas de una crónica/entrevista hecha a la banda en 2001 durante su primera gira y publicada en Rolling Stone Argentina, sin embargo, el sitio web ya no está disponible para su consulta online. /Garajedelrock-

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