Solo han pasado siete días desde la llegada a Netflix de La revolución, el espacio francés donde lo paranormal se une a su rebelión de 1789, cuando arriba a la plataforma otra serie hecha en Europa que apuesta por revisitar la historia: Bárbaros.

La realización alemana, producida por Gaumont, que tiene como eje de sus seis capítulos la Batalla del Bosque de Teutoburgo, enfrentamiento situado en el año 9 d.C, donde varios pueblos germánicos se unieron y derrotaron a las legiones romanas en su territorio.

Un relato que sobrevivió gracias a los escritos realizados por historiadores romanos, como Veleyo Patérculo y Dion Casio, pero que ahora llega a la pantalla para mostrar la batalla desde el punto de vista opuesto, el de los denominados bárbaros.

Bárbaros | Netflix

Pero la trama se inicia enfocada en los romanos, con el nombramiento como gobernador del territorio de Germania, cuna de muchas tribus guerreras -bautizadas por el Imperio como “bárbaras” por su incivilización-, del senador Publio Quintilio Varo (Gaetano Aronica).

Su primera medida, además de tomar posesión de su puesto, es obligar a los habitantes germanos a por primera vez pagar tributo. Éste consistirá en la entrega del valor de 20 vacas o 50 bolsas de grano por cada clan bárbaro.

Una medida que los afectados ven con preocupación, en especial los queruscos liderados por el reik Segimer (Nicki von Tempelhoff), quien decide convocar a una rink, o asamblea, junto a otras tribus para alentarlas a enfrentar a los romanos.

Entre el deber y la sangre

Bárbaros | Netflix

Pero Segimer no logra consenso, ya que todos temen al poderío de sus legiones y deciden entregarles como tributo los animales y comida que tienen. Sin embargo, hay dos jóvenes queruscos que se oponen a la sumisión, en especial luego de que un niño es atacado.

Ellos son Thusnelda (Jeanne Goursaud), hija del consejero del reik, y su amigo de infancia y ahora objeto amoroso, Folkwin Lanzalobo (David Schütter); los mismos que en venganza deciden apoderarse del estandarte de la legión encabezada por Varo, un águila dorada.

Un plan que logran ejecutar casi a la perfección, si no fuera porque dejan atrás un rastro de su robo: un collar con un diente de lobo. Elemento que habría pasado desapercibido para cualquier romano, pero no para el prefecto Julio Arminio (Laurence Rupp).

Pronto se sabe que él se llama realmente Ari y es uno de los dos hijos de Segimer, que este último entregó hace muchos años al Imperio como símbolo de paz. Y quien fue criado por Varo como su propio heredero y ahora se debatirá entre su sangre y el deber.

Así, con Arminio decidido a honrar a su padre adoptivo y a Roma -mientras sus raíces pesan en su conciencia-, y Folkwin uniendo a los germanos rebeldes, Bárbaros comienza a redibujar un pasaje clave de la historia europea que frenó la expansión imperial.

Y lo realiza de forma convincente, con el drama y la acción como las bases de una ágil narración. La que además se destaca por una buena recreación de época, donde se agradecen detalles como el que los romanos hablen en latín./LtFinde-

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