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“Yo puedo solito”: nueve claves y ejemplos prácticos para acompañar a los niños en esta fase de su desarrollo

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¿Tu peque rechaza tu ayudaquiere hacerlo todo solo? ¿Expresiones como “¡esto no me gusta!”, “tú no, ¡fuera!” o “¡yo se hacerlo solito!” son una constante en su vocabulario? ¡Bienvenidos a esta nueva fase del desarrollo infantil con la conquista de la independencia como principal seña de identidad!

Te explicamos cuáles son las características de esta etapa y cómo podemos acompañar a nuestros hijos a través de algunos ejemplos cotidianos que seguro que te resultan familiares.

La conquista de la independencia

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Entre los dos y los tres años los niños se adentran en una etapa negativista conocida coloquialmente como “etapa del NO”. En esta fase del desarrollo el niño empieza a mostrar su disconformidad con los adultos, quiere hacer las cosas solo, no acepta nuestra ayuda y se siente bien ejerciendo su su voluntad.

Los psicólogos consideran esta etapa como un momento de autoafirmación. El niño comienza a darse cuenta de que al decir ‘no’ el comportamiento del adulto cambia, y aunque todavía no llega a ser consciente del alcance que tiene realmente su negativa, se siente bien  demostrando que él también tiene capacidad de decidir (aunque lógicamente, su capacidad de razonamiento no esté todavía desarrollada).

A esto se suma que el niño empieza a darse cuenta de que es una persona independiente a su mamá y a su papá, y como tal desea ejercer su independencia.

Este importante paso en su desarrollo cognitivo viene acompañado de increíbles avances en su desarrollo motor y una creciente capacidad de observación. Todo ello hará que el niño se sienta capaz físicamente de hacer las cosas por sí mismo, basándose sobre todo en la imitación.

A medida que el niño vaya creciendo, sus habilidades y destrezas también irán madurando, y esto le permitirá hacer las cosas cada vez mejor y más rápido. Por eso es tan importante acompañar a los niños en esta etapa de forma positiva y respetuosa, contribuyendo al forjamiento de una personalidad y autoconcepto sano.

¿Cómo debemos actuar los padres?

Para los padres, esta etapa por la que pasan nuestros hijos puede llegar a ser realmente agotadora, pues sus tiempos, ritmos y habilidades chocan de frente con nuestras necesidades y la vorágine de nuestro día a día.

Pero es fundamental ser conscientes de que la manera en la que criemos, eduquemos y acompañemos a nuestros hijos en sus primeros años tendrá un gran impacto en su desarrollo psicológico y emocional, así como en la formación de una autoestima sana.

A continuación, te ofrecemos algunas claves que podrían ayudaros:

1) Valora su iniciativa y tesón

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Al igual que nos sucede a los adultos, los niños también necesitan sentirse útiles e imprescindibles en su seno familiar y en su comunidad. Saber que sus aportaciones son escuchadas, válidas y tenidas en cuenta les permite crecer con confianza y seguridad.

En este sentido, es normal que nuestro hijo quiera hacer las cosas por sí mismo y muestre continuamente su predisposición a ayudarnos: se siente capaz, y quiere demostrarlo.

Valoremos su iniciativa y su tesón, y no aplaquemos su voluntad de demostrarnos todo lo que puede llegar a hacer.

Si tu hijo pequeño quiere ayudarte con las tareas domésticas, pero se empeña en hacer algo para lo que está capacitado, aplaude su iniciativa, agradece su compromiso y hazle ver lo bien que te vendría su ayuda en otro tema:

“¡Es maravilloso que quieras ayudarme! ¡Gracias! Pero si te parece, en lugar de cocinar podríamos hacer la colada juntos. ¡Necesitamos la ropa limpia para mañana y tu ayuda es importante para mí! ¿Me acompañas?”

2) No le digas que no puede hacerlo: enséñale

El “no” es una de las palabras más fuertes, poderosas y potentes que tenemos en nuestro vocabulario. Es una palabra que transmite ideas inquebrantables y que lleva aparejado un sentimiento de rechazo y coacción. Los padres usamos demasiadas veces la palabra “no”, especialmente cuando se trata de prohibir al niño hacer determinadas cosas.

Dejemos de negar a los niños la oportunidad de hacer las cosas por sí solos, ni les digamos lo que no pueden hacer o lo que están haciendo mal: enseñémosles a hacerlo de otro modo.

Si tu peque se empeña en subir las escaleras y aún no sabe cómo hacerlo, en lugar de impedirle el paso y negarle la oportunidad de aprender, enséñale cómo hacerlo de forma segura.

3) Deja que lo intente, aunque se equivoque

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Cuando los niños sean capaces de hacer algo por sí mismos, es fundamental que les demos la oportunidad de intentarlo y no hagamos las cosas por ellos, aunque sepamos de antemano que van a fallar.

Y es que obviamente, habrá muchas cosas que debido a su edad y sus capacidades no harán bien a la primera, pero nunca debemos lastrar sus intentos o sermonearle con frases lapidarias como “¿ves? te dije que eres muy pequeño todavía para intentar hacerlo solo”.

A los niños les encanta vestirse solos desde muy pequeños, y aunque aún no hayan desarrollado las destrezas y habilidades que les permitan hacerlo bien, es importante que les permitamos practicar.

Para que no se frustren en su intento puedes proporcionarle prendas de ropa sencillas de poner, como los calcetines, gorros o las chaquetas abiertas.

4) Enséñale a aprender de sus errores

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No hay nada malo en cometer un error. Al contrario, los niños necesitan equivocarse para aprender y entender que sus errores son “ensayos” imprescindibles que les permitirán hacer las cosas cada vez mejor.

Cuando tu hijo se equivoque, enséñale en qué ha fallado, muéstrale cómo hacerlo mejor la próxima vez y sé el guía respetuoso que necesita para aprender.

Si en el intento de hacer las cosas solito, tu peque derrama de manera accidental la leche, por poner un ejemplo, enséñale cómo limpiarlo con ayuda de un trapito. De esta forma, el niño se dará cuenta de que todo tiene solución, y de que no hay error que no pueda repararse.

5) Muéstrale opciones limitadas

Si sientes que has entrado en una lucha constante con tu hijo sobre lo que él quiere hacer y lo que tú quieres que haga, prueba a ofrecerle opciones limitadas para que tome sus propias decisiones, pero dentro del marco que tú consideres. Con ello contribuimos al desarrollo de su personalidad, así como a la creación de una autoestima sana.

Si tu hijo quiere escoger su propia ropa prueba a darle opciones limitadas y concretas. Además de resultar beneficioso para el niño (cuando se trata de niños pequeños, tener una gran cantidad de opciones puede resultar apabullante), te asegurarás de que su elección es acorde a la situación.

6) No le niegues la oportunidad de explorar

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El cerebro del niño en esta etapa de la vida tiene importantes diferencias con respecto al cerebro adulto. Entre estas diferencias se encuentra la impulsividad y la espontaneidad, pero también la necesidad de aprender mediante la experimentación.

Los niños pequeños tienen una curiosidad innata que les lleva a querer tocarlo todo, experimentar, explorar y analizar la causa-efecto de las cosas. Esta curiosidad va poco a poco en aumento, y es importante que los padres la potenciemos respetando su creatividad, su libertad de movimiento y el juego libre.

Si vais al campo y tu hijo se empeña en escalar un árbol grande, impedirle hacerlo es negarle la oportunidad de experimentar, disfrutar y aprender de la naturaleza. Pero si le dejamos hacerlo, no estaremos velando por su seguridad. Explícale la situación y ofrécele otra alternativa.

“Subirse a ese árbol puede ser peligroso para ti,; está muy alto y te podrías caer y lastimar. ¿Qué te parece si en su lugar escalas este pequeño montículo y me cuentas lo que ves desde arriba?”

7) Se paciente con sus ritmos

Muchas veces los padres desesperamos cuando los niños quieren hacer las cosas por sí mismos, especialmente si vamos con prisa. Sin embargo, debemos ser pacientes y respetuosos, y no esperar de ellos más de lo son capaces de dar.

Es verdad que las tareas se desarrollarán de una forma más lenta, y que el niño se equivocará una y otra vez. Pero la solución es fácil: recalcula los tiempos, olvídate de las prisas, y motiva al niño para que siga descubriendo todo lo que es capaz de hacer.

8) Alienta, anima y dale confianza

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Cuando alentamos a nuestro hijo le estamos animando a actuar, a pensar, a explorar, a opinar por sí mismo… sin poner el foco en el resultado final de su conducta. El niño que es alentado se siente capaz de hacer las cosas por sí mismo, de descubrir su propio talento y autoevaluarse.

Durante esta fase de su desarrollo en la que los niños disfrutan poniendo a prueba sus capacidades y haciendo las cosas por sí mismo, el aliento y ánimo de sus padres les permite además descubrir sus propias fortalezas y virtudes, experimentar las consecuencias de sus actos, aprender de los errores y entender la importancia y el valor del esfuerzo y la superación.

9) Celebra sus logros y enséñale a sentirse orgullo por ellos

Para un niño, recibir el reconocimiento de sus padres es sumamente importante, ya que le hace sentirse querido y aceptado. Por eso, debemos combinar el aliento con las alabanzas a su esfuerzo, a su perseverancia, a su tesón… con independencia del resultado obtenido./Con información de BebésYMás- 

 

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