Después de cenar, muchas personas acostumbran tomar algo para relajarse o acompañar la sobremesa. La elección también puede ser una oportunidad para hidratarse, aunque no todas las bebidas ofrecen lo mismo: algunas contienen azúcar, sodio o aditivos que conviene tener en cuenta.
Los riñones filtran la sangre, eliminan desechos y mantienen el equilibrio de líquidos y minerales del organismo. Para cumplir estas funciones necesitan una hidratación adecuada, distribuida a lo largo del día. Beber grandes cantidades antes de acostarse no reemplaza ese hábito.
La información publicada en Verywell Health, elaborada por el médico Dennis Sifris y revisada por la nutricionista dietista Aviv Joshua, destaca el agua natural como la primera opción. También recoge otras alternativas que pueden formar parte de la rutina, según su composición y las necesidades de cada persona.

1. Agua natural
El agua es la alternativa más sencilla para hidratarse sin incorporar azúcar ni otros ingredientes. Un consumo adecuado ayuda a eliminar desechos y a diluir la orina, lo que disminuye la concentración de minerales que pueden formar cálculos.
Su beneficio depende de mantener una ingesta regular durante el día, más que de tomarla a una hora determinada. En personas con enfermedad renal crónica avanzada, la cantidad debe ajustarse a las indicaciones médicas, pues puede haber dificultades para eliminar el exceso de líquido.
2. Agua con gas sin azúcar
Quienes prefieren una bebida con burbujas pueden optar por agua carbonatada simple, cuya capacidad de hidratación es comparable a la del agua natural. La American Kidney Fund la incluye entre las opciones para personas con enfermedad renal.
Antes de elegirla, conviene revisar la etiqueta. Algunas presentaciones contienen sodio y otras incorporan azúcar o aditivos con fósforo, por lo que no todas tienen la misma composición.
3. Jugo de arándanos sin azúcar añadida
El jugo de arándanos contiene polifenoles, sustancias vegetales con propiedades antioxidantes. Según la información citada, la National Kidney Foundation considera que las versiones sin azúcar añadida pueden incluirse en la alimentación de personas con enfermedad renal.
Esto no significa que su consumo deba ser ilimitado. El jugo conserva los azúcares propios de la fruta y aporta potasio, dos aspectos que pueden necesitar vigilancia, especialmente cuando existe enfermedad renal avanzada o diabetes. Una porción pequeña, sola o diluida en agua, permite moderar su consumo.
4. Infusiones de menta o manzanilla
Una infusión sin azúcar puede ser una opción agradable para terminar la cena. Preparaciones sencillas, como la menta o la manzanilla, aportan líquidos y no contienen cafeína, por lo que tienen menos posibilidades de dificultar el descanso que el café o los tés que sí la incluyen.
La información reseñada señala que la National Kidney Foundation considera estas infusiones compatibles con el cuidado renal. Aun así, no sustituyen los tratamientos ni las recomendaciones individuales de un profesional.
5. Agua con una pequeña cantidad de jugo cítrico
Agregar un poco de limón, lima o naranja al agua aporta sabor y citrato, una sustancia relacionada con la prevención de ciertos cálculos renales, especialmente los de oxalato de calcio.
El citrato se une al calcio de la orina y dificulta la formación de cristales. Sin embargo, aunque estos jugos pueden elevar el citrato urinario, el texto consultado reconoce que no está completamente definido cuánto reduce ese efecto el riesgo de desarrollar cálculos.
Utilizar poca cantidad de jugo permite limitar el aporte de azúcar por vaso. En el caso de la naranja, también debe considerarse su contenido de potasio si existe una indicación médica de restringirlo.
Más allá de la bebida elegida para la sobremesa, el cuidado renal se apoya en una hidratación constante y adaptada a cada persona. Para quienes tienen enfermedad renal avanzada, la elección y la cantidad de líquidos deben seguir las pautas de su equipo de salud.
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