La tensión en la nuca al terminar la jornada, la rigidez al girar la cabeza o las molestias que se extienden hacia los hombros pueden aparecer después de pasar varias horas frente al celular o la computadora, sobre todo cuando el cuerpo permanece en una misma posición durante mucho tiempo.
Aunque estas molestias son frecuentes, acostumbrarse a ellas puede retrasar la búsqueda de atención y prolongar el malestar, según especialistas consultados por la revista Parade.

Una posición sostenida aumenta el esfuerzo muscular
Al inclinar la cabeza para mirar un dispositivo, los músculos del cuello deben trabajar más para sostenerla, especialmente si se mantiene adelantada respecto al tronco durante períodos prolongados.
El quiropráctico Dustin DebRoy explica que esta carga sostenida puede acompañarse de tensión muscular y limitaciones para mover el cuello con comodidad, por lo que conviene prestar atención tanto a la ubicación de las pantallas como al tiempo que se pasa sin cambiar de posición.
La quiropráctica Sherry McAllister coincide en que adelantar la cabeza aumenta la exigencia sobre las estructuras que la sostienen, un esfuerzo que puede pasar inadvertido hasta que aparecen las molestias.
Las señales pueden extenderse más allá de la nuca
El dolor en el cuello y la espalda alta, los espasmos musculares y la sensación de cabeza pesada figuran entre los síntomas descritos por los especialistas, junto con algunas cefaleas.
En ciertos casos también pueden presentarse molestias que se extienden hacia los brazos, hormigueo o entumecimiento, síntomas que requieren valoración profesional para determinar su causa.
Reconocer estas señales resulta más útil que asumir que son una consecuencia inevitable del trabajo o del uso del teléfono.
Cambiar de posición también forma parte del cuidado
El problema no depende únicamente de cómo se coloca la cabeza, sino también del tiempo que se permanece inmóvil, de modo que sostener una postura rígida durante toda la jornada tampoco ofrece una solución.
Alternar las tareas, ajustar la pantalla a una altura cómoda y levantarse con frecuencia permite repartir el esfuerzo entre distintos músculos y articulaciones.
Los especialistas también destacan el valor de las pausas breves para caminar o realizar movimientos suaves, incorporadas a lo largo del día y adaptadas a la comodidad de cada persona.
El alivio debe adaptarse a cada caso
Entre las medidas mencionadas en el artículo se encuentran el frío local protegido con una tela, el fortalecimiento muscular y la movilidad suave, aunque su utilidad depende del origen y las características de las molestias.
Los ejercicios no deben forzarse ni continuar si provocan dolor, mareo o entumecimiento, y el malestar persistente merece una evaluación que permita identificar qué lo está causando y cuál es el tratamiento adecuado.
Más que buscar una posición perfecta, el cuidado cotidiano pasa por dar variedad al movimiento, reducir los períodos prolongados de inmovilidad y atender las señales del cuerpo antes de que interfieran con las actividades habituales.
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