Cómo la vitamina D contribuye a la absorción de calcio y la salud ósea
Cómo la vitamina D contribuye a la absorción de calcio y la salud ósea
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Existe un nutriente fundamental para conservar la resistencia y el buen estado del sistema óseo. El organismo lo obtiene principalmente mediante la exposición a la luz solar, ciertos alimentos y, cuando es necesario, a través de complementos nutricionales. Su función principal es facilitar la correcta absorción del calcio y participar en múltiples procesos del cuerpo, tal como lo señalan los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) y la Mayo Clinic.

Su función en la estructura ósea

Para que el calcio se incorpore adecuadamente al organismo y fortalezca los huesos, es indispensable contar con este nutriente. Cuando falta, el cuerpo no logra utilizar de forma eficiente dicho mineral, lo que debilita progresivamente la estructura ósea.

Diversas organizaciones especializadas, como el NIH y la Fundación Internacional de Osteoporosis, indican que su acción combinada con el calcio contribuye a disminuir el riesgo de desarrollar osteoporosis, una afección que vuelve los huesos más frágiles y propensos a fracturas.

Asimismo, interviene en la renovación y mineralización del tejido óseo, procesos necesarios para mantener la resistencia del esqueleto a lo largo del tiempo. También cumple un rol relevante en el funcionamiento muscular, favoreciendo el equilibrio corporal y reduciendo el riesgo de caídas, especialmente en adultos mayores.

Además de su impacto en los huesos y músculos, participa en la transmisión de impulsos nerviosos entre el cerebro y el resto del cuerpo, lo que influye en el correcto funcionamiento del sistema nervioso.

Consecuencias de niveles insuficientes

Cuando los niveles de este nutriente y de calcio se mantienen bajos durante periodos prolongados, los huesos pueden volverse más débiles y aumentar la probabilidad de fracturas. Por ello, asegurar un aporte adecuado desde la infancia hasta la adultez mayor es esencial para preservar la salud ósea, como lo recomiendan especialistas de la Mayo Clinic.

En la niñez, su carencia puede provocar raquitismo, una enfermedad caracterizada por huesos blandos y deformaciones que generan dolor. En personas adultas, el déficit se asocia con la osteomalacia, que se manifiesta con debilidad muscular y molestias óseas.

Investigaciones citadas por la Mayo Clinic y la International Osteoporosis Foundation señalan que mantener niveles adecuados de este nutriente junto con el calcio puede ayudar a retrasar la pérdida de masa ósea y disminuir la frecuencia de fracturas, aunque aún se requiere mayor evidencia para confirmar su impacto directo en la prevención de caídas graves.

También se ha explorado su posible relación con otras enfermedades como el cáncer, la esclerosis múltiple y la diabetes tipo 2. Según el NIH, los resultados no son concluyentes en estos casos, pero sí existe consenso en que una deficiencia severa afecta negativamente la salud general y puede agravar distintas condiciones médicas.

Cantidades recomendadas según la edad

Las necesidades diarias varían de acuerdo con la etapa de la vida y ciertas condiciones personales. De acuerdo con el NIH y la Mayo Clinic, las cantidades orientativas son las siguientes:

  • Bebés hasta 12 meses: 10 microgramos
  • Niños de 1 a 13 años: 15 microgramos
  • Adolescentes de 14 a 18 años: 15 microgramos
  • Adultos de 19 a 70 años: 15 microgramos
  • Personas mayores de 71 años: 20 microgramos
  • Mujeres embarazadas o en período de lactancia: 15 microgramos

Grupos con mayor riesgo de presentar déficit, como adultos mayores, personas con poca exposición al sol, quienes padecen obesidad o han sido sometidos a cirugías gástricas, pueden requerir ajustes en la dosis, siempre bajo supervisión médica. Exceder el consumo máximo recomendado puede generar efectos adversos, como náuseas, debilidad, alteraciones cardíacas y daño renal. En adultos, el límite superior se sitúa en 100 microgramos diarios, mientras que en bebés varía entre 25 y 38 microgramos, según la edad.

Fuentes principales de obtención

Este nutriente se adquiere principalmente a través de tres vías:

Luz solar:
El cuerpo lo produce de forma natural cuando la piel se expone a la radiación ultravioleta. Se recomienda una exposición moderada de 10 a 20 minutos al día en áreas como rostro, brazos y manos, evitando las horas de mayor intensidad solar. Factores como la edad, el tono de piel, la estación del año y la ubicación geográfica influyen en la cantidad que se sintetiza.

Alimentación:
Son pocos los alimentos que lo contienen de manera natural. Entre los más destacados se encuentran los pescados grasos como el salmón, el atún, la sardina y la caballa. También se puede encontrar en el hígado, la yema de huevo, algunos quesos, la ricota y los hongos expuestos a la luz. Además, muchos productos como la leche, bebidas vegetales y cereales suelen estar fortificados.

Suplementación:
Existen complementos en dos presentaciones principales (D2 y D3), que se absorben mejor cuando se consumen junto con comidas que contengan grasa. Su uso debe realizarse bajo recomendación médica, especialmente en personas con mayor riesgo de deficiencia.

La única forma precisa de conocer los niveles en el organismo es mediante un análisis de sangre. Mantener valores adecuados resulta clave para conservar la fortaleza del sistema óseo y prevenir complicaciones asociadas a su déficit.

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