Contrario a la creencia popular de que la inteligencia artificial (IA) podría reemplazar la creatividad humana, un estudio de la Universidad de Swansea muestra que su verdadero potencial reside en complementarla. Los investigadores descubrieron que trabajar junto a un sistema de IA durante tareas de diseño no solo estimula la imaginación, sino que también aumenta la concentración, la motivación y la calidad de los resultados.

El estudio propone una visión distinta: la IA no limita la creatividad, sino que la enriquece, ofreciendo un acompañamiento que permite explorar caminos poco convencionales, probar ideas inesperadas y expandir las posibilidades del pensamiento humano. Este enfoque puede aplicarse en áreas como la arquitectura, la música, el arte digital o la educación, transformando la manera en que concebimos la innovación.
Entre los hallazgos más destacados, los participantes que interactuaron con la IA vieron mejoras de hasta un 200% en la calidad de sus diseños, y en algunos casos puntuales, incrementos de hasta el 13.000%. Los usuarios que exploraron galerías de propuestas generadas por la IA dedicaron más del doble de tiempo al proceso creativo que aquellos que trabajaron sin esta herramienta, lo que aumentó su enfoque y compromiso.
Lejos de actuar como un reemplazo, la IA funciona como un colaborador flexible. Los participantes podían seleccionar ideas, editarlas o simplemente observar cómo el algoritmo proponía soluciones exitosas, inusuales o incluso fallidas. Curiosamente, incluso los diseños que no funcionaban resultaron valiosos, porque rompían esquemas y fomentaban la exploración de alternativas inesperadas.
El experimento se realizó mediante una plataforma interactiva llamada The Genetic Car Designer, en la que más de 800 personas idearon un coche virtual capaz de superar distintos recorridos. El sistema MAP-Elites, que generaba los diseños, priorizaba tanto la diversidad como la eficacia, ofreciendo un abanico de opciones que estimulaba la creatividad y la improvisación.
Los autores del estudio destacan que el efecto de la IA no puede medirse únicamente por la cantidad de propuestas editadas o seleccionadas. Incluso visualizar las sugerencias tiene un impacto positivo en el pensamiento creativo, lo que subraya la importancia de incluir métricas cognitivas y emocionales para evaluar completamente su influencia.
En definitiva, la inteligencia artificial no reemplaza la creatividad humana: la potencia, la guía y amplía nuestro horizonte de posibilidades. Mientras la tecnología puede encargarse de tareas repetitivas, las ideas, la imaginación y la capacidad de análisis crítico siguen siendo irremplazables, y la colaboración entre humanos y máquinas abre un camino prometedor hacia la innovación.
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