Cuando comer siempre lo mismo deja de ser normal en los niños
Cuando comer siempre lo mismo deja de ser normal en los niños
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Aunque muchos padres consideran normal que sus hijos prefieran repetir siempre los mismos alimentos, los especialistas advierten que, cuando esta conducta se prolonga o se vuelve demasiado limitada, puede afectar la salud más de lo que parece. No se trata solo de cuánto comen, sino de la variedad que dejan fuera de su dieta, ya que detrás de esta conducta pueden esconderse deficiencias importantes de hierro, zinc, calcio, vitaminas y ácidos grasos esenciales, incluso cuando el niño mantiene un peso adecuado.

Durante los primeros años de vida, especialmente entre los 2 y 3 años, es común que aparezcan preferencias marcadas por ciertos alimentos. Sin embargo, cuando esa selección dura más de tres meses, reduce la alimentación a menos de 10 o 15 productos aceptados, genera rechazo constante por texturas, colores u olores, o provoca conflictos frecuentes a la hora de comer, es importante prestar atención. También pueden aparecer señales menos evidentes, como cambios en el estado de ánimo, irritabilidad o dificultades para concentrarse.

Especialistas en nutrición pediátrica explican que este tipo de conductas puede comprometer el desarrollo adecuado, ya que una dieta poco variada reduce la posibilidad de cubrir los requerimientos de micro y macronutrientes esenciales. Incluso si el crecimiento en peso y talla parece normal, esto no garantiza un buen estado nutricional interno. Estudios publicados en revistas científicas internacionales señalan que entre el 25 % y el 40 % de los niños presentan algún tipo de dificultad alimentaria durante su crecimiento, siendo esta una de las más frecuentes.

Además, investigaciones recientes muestran que una menor diversidad en la alimentación aumenta el riesgo de anemia en niños y adolescentes, lo que refuerza la importancia de detectar el problema a tiempo. A pesar de ello, hasta un 20 % de los casos no recibe un diagnóstico adecuado, retrasando la intervención profesional necesaria.

Para mejorar esta situación, los expertos recomiendan introducir nuevos alimentos de forma gradual, repetir la exposición sin presión, modificar la presentación o textura de las comidas y permitir que el niño participe en la compra o preparación de los alimentos. Cuando la variedad es muy reducida o existe sospecha de deficiencias, la consulta con el pediatra o nutricionista resulta fundamental para valorar si se necesita apoyo adicional, incluyendo suplementos nutricionales. El objetivo no es lograr una alimentación perfecta de inmediato, sino construir poco a poco una relación más sana, diversa y equilibrada con la comida.

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