Mantener una buena hidratación no depende de cumplir una cantidad fija de vasos. Las necesidades de líquido cambian según la edad, la actividad física, las condiciones de salud y el clima, por lo que una misma recomendación no funciona para todos.
Como referencia para adultos sanos, Mayo Clinic señala una ingesta diaria total de aproximadamente 3,7 litros para los hombres y 2,7 litros para las mujeres. Estas cantidades incluyen tanto las bebidas como el agua que contienen los alimentos; no se trata de consumir ese volumen únicamente en vasos o botellas.

Las necesidades cambian con cada persona y su entorno
La idea de beber ocho vasos al día puede servir como orientación, pero no representa una regla universal. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), la cantidad necesaria depende de factores como la edad, el sexo, el embarazo, la lactancia y el ejercicio.
El calor también aumenta los requerimientos, al igual que las situaciones que provocan una mayor pérdida de líquidos, entre ellas la fiebre, los vómitos y la diarrea. Por eso, una rutina de consumo que resulta suficiente en un día tranquilo podría quedarse corta durante una jornada calurosa o de esfuerzo físico.
La hidratación también viene de los alimentos
No todo el líquido que recibe el organismo llega a través de las bebidas. Mayo Clinic estima que cerca del 20 % del agua consumida diariamente proviene de los alimentos, especialmente de frutas y verduras con abundante humedad.
El café, el té y la leche también contribuyen a la hidratación. Sin embargo, conviene prestar atención al azúcar añadido y a las calorías de algunas opciones al elegir qué beber durante el día.
La sed orienta, pero el contexto importa
En condiciones habituales, la sed ayuda a reconocer cuándo hace falta beber. Aun así, durante la exposición al calor o el ejercicio prolongado conviene prestar mayor atención a la reposición de líquidos.
El cuerpo pierde agua al respirar, sudar, orinar y evacuar. Si esas pérdidas aumentan y no se compensan, la deshidratación puede afectar la concentración, el estado de ánimo y la capacidad de regular la temperatura corporal, advierten los CDC.
Para quienes realizan tareas físicas en ambientes calurosos, el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos (NIOSH) recomienda beber pequeñas cantidades con frecuencia, aproximadamente una taza cada 15 o 20 minutos. Esta orientación corresponde a esas condiciones de trabajo y no debe interpretarse como una pauta para toda la población.
El color de la orina puede ofrecer una referencia práctica: un tono amarillo pálido suele indicar una hidratación adecuada, aunque no es un indicador definitivo por sí solo.
Beber más de lo necesario también tiene riesgos
Consumir agua en exceso tampoco garantiza una mejor hidratación. Cuando el organismo no logra eliminar el líquido sobrante, el sodio de la sangre puede diluirse y provocar una alteración conocida como hiponatremia.
Aunque no es frecuente en adultos sanos, puede presentarse en deportistas que ingieren cantidades excesivas durante esfuerzos prolongados. Sus síntomas incluyen náuseas, dolor de cabeza y confusión; los casos graves pueden causar convulsiones.
La cantidad adecuada debe responder a las necesidades de cada persona y a sus pérdidas de líquido. Si existen enfermedades que afectan ese equilibrio o indicaciones médicas específicas, el consumo debe ajustarse con orientación profesional.
Este artículo fue publicado originalmente en Infobae y está protegido por derechos de autor. Todos los derechos reservados a Infobae. Puedes consultar el artículo original en su (https://www.infoabe.com).