El fenómeno “therian” llega a una escuela y enciende la polémica en Argentina
El fenómeno “therian” llega a una escuela y enciende la polémica en Argentina
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En los últimos meses, las plataformas digitales se han poblado de videos en los que jóvenes aparecen con máscaras y accesorios de animales, desplazándose en cuatro extremidades y corriendo por espacios públicos como parques y plazas. Este tipo de contenidos, ampliamente difundidos en redes sociales, ha llamado la atención del público en países del Cono Sur, donde se multiplicaron encuentros presenciales y comunidades virtuales que replican estas prácticas.

Quienes participan de esta corriente afirman experimentar una identificación interna y duradera con especies animales, más allá del uso de disfraces. Según explican, los elementos visuales son secundarios, ya que el núcleo de esta vivencia es personal e íntimo, centrado en reproducir comportamientos y movimientos asociados a su “animal de referencia”. En muchos de los registros difundidos se observa la práctica conocida como cuadrupedia, que consiste en correr o saltar apoyándose en manos y pies.

La expansión reciente tuvo especial visibilidad en Buenos Aires, donde se organizó una reunión en la zona del Barrio Chino del barrio de Belgrano, un punto turístico de la capital argentina. Sin embargo, el fenómeno no se limita a esa ciudad: en Montevideo también comenzaron a formarse grupos a través de redes sociales, con convocatorias que derivaron en encuentros presenciales. Incluso en Lima, un video grabado en el centro de la ciudad se volvió viral y fue señalado por usuarios como uno de los primeros casos visibles en Perú.

Uno de los testimonios más difundidos es el de Lexi, un joven argentino que relata sentirse identificado con un zorro. En declaraciones a medios, explicó que nunca se sintió completamente parte de los estereotipos humanos y que su forma de ser se asemeja a la del animal con el que se identifica. Según contó, su familia acompañó su proceso de exploración personal al entender que se trataba de una vivencia que no podía modificar. También relató que dentro de su grupo de amistades existen identificaciones diversas, como coyote, lobo o gato, y que suelen reunirse en entornos naturales para compartir tiempo juntos. Aclaró, además, que esta forma de vivirse no altera sustancialmente su rutina diaria: continúa con actividades comunes y, en ocasiones, practica la meditación como una forma de conexión simbólica con su entorno.

Aunque la visibilidad es reciente en la región, esta corriente no nació en Sudamérica. Sus orígenes se remontan a foros digitales de la década de 1990, donde personas con experiencias similares comenzaron a intercambiar relatos y a construir un lenguaje común. Con el tiempo, estas comunidades migraron a plataformas masivas como TikTok y YouTube, lo que permitió que jóvenes de distintos países compartieran su forma de vivir esta identidad y encontraran pares con quienes identificarse.

Especialistas que analizaron el fenómeno en espacios mediáticos señalaron que no se trata simplemente de un juego de disfraces. Algunos participantes integran estas conductas a su vida cotidiana y se autoperciben como distintos tipos de mamíferos —perros, gatos, zorros o lobos—, lo que orienta su manera de comportarse e interactuar con otros. En ese sentido, se diferencia de otras subculturas visuales como el fandom de disfraces antropomórficos, ya que aquí la vivencia es entendida como profunda y personal, no como una performance o representación artística.

Desde una perspectiva conceptual, el término que utilizan para definirse proviene de una palabra de origen inglés asociada a la idea de transformación entre humano y animal, con raíces etimológicas en vocablos griegos que aluden a “bestia” y “persona”. Si bien los relatos mitológicos sobre metamorfosis existen en múltiples culturas, la formulación contemporánea de esta identidad se desarrolló en el entorno digital. Quienes forman parte de esta corriente suelen referirse a un “animal de referencia” con el que sienten un vínculo involuntario y persistente, que se expresa en emociones, rutinas corporales y símbolos como collares, colas o máscaras.

La viralización en redes sociales fue clave para su expansión reciente. Tutoriales, encuentros organizados a través de TikTok y videos explicativos generaron un aumento de seguidores, especialmente entre adolescentes. Al mismo tiempo, la exposición pública trajo consigo reacciones encontradas: mientras algunos defienden la importancia de respetar las búsquedas personales de identidad, otros expresan desconcierto, burlas o preocupación, especialmente después de episodios aislados que generaron alarma en redes.

En ciudades como Montevideo, una convocatoria difundida en plataformas digitales derivó en un encuentro en la Plaza Independencia que atrajo la atención de medios locales. En Buenos Aires, la circulación de imágenes de adolescentes con máscaras de lobos y zorros desató debates, memes y discusiones sobre los límites de la autoidentificación y la convivencia en espacios públicos. Así, la visibilidad mediática amplificó tanto la integración de quienes se reconocen en esta corriente como los prejuicios que enfrentan, en un contexto marcado por transformaciones culturales aceleradas y la influencia constante de las redes.

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