Hacer crujir las articulaciones del cuerpo, como los dedos, la espalda o la zona cervical, es una práctica frecuente en la vida diaria. Para muchas personas, este gesto produce una sensación inmediata de alivio frente a la tensión, la rigidez o el cansancio muscular. Sin embargo, también genera dudas sobre si se trata de una costumbre inofensiva o si podría representar algún riesgo para la salud.

El característico chasquido que se escucha al mover ciertas articulaciones no significa necesariamente que exista una lesión. De acuerdo con explicaciones médicas, este sonido suele producirse por cambios de presión dentro de la cápsula articular, donde se encuentra el líquido sinovial, encargado de lubricar las articulaciones. Al realizar un movimiento determinado, pueden formarse y colapsar pequeñas burbujas de gas, fenómeno conocido como cavitación.
En otros casos, el ruido puede deberse al desplazamiento de tendones o ligamentos sobre estructuras óseas, o incluso al movimiento de la piel sobre tejidos más profundos. Estos mecanismos son considerados fisiológicos y, cuando ocurren de manera ocasional y sin dolor, no suelen indicar daño en huesos, músculos o articulaciones.
Muchas personas recurren a esta práctica cuando sienten presión o incomodidad en la zona cervical. Esa sensación puede estar relacionada con malas posturas, sedentarismo, uso prolongado de pantallas, tensión emocional o estrés. Mantener la cabeza inclinada hacia adelante durante largos periodos, como ocurre al usar el celular o la computadora, aumenta la carga sobre los músculos y articulaciones del cuello, favoreciendo la rigidez.
El estrés también puede influir. En situaciones de ansiedad o presión, el cuerpo tiende a aumentar la tensión muscular y adoptar posturas defensivas de forma involuntaria. Esto puede provocar mayor rigidez en la región cervical y generar la necesidad de moverla hasta escuchar el chasquido.
Desde el punto de vista de la sensación corporal, el alivio que muchas personas experimentan puede explicarse por la liberación de endorfinas, sustancias asociadas al bienestar. Además, el sonido puede reforzar la percepción de que la articulación “se liberó”, aunque no siempre exista un ajuste real.
Los especialistas señalan que realizar este movimiento de forma suave, ocasional y sin dolor no suele representar un problema para la mayoría de las personas sanas. Incluso hacerlo una o dos veces al día puede considerarse normal si no hay molestias, rigidez persistente o síntomas adicionales.
No obstante, el panorama cambia cuando el gesto se vuelve repetitivo, compulsivo o se realiza con demasiada fuerza. En esos casos pueden aparecer riesgos como distensión muscular, irritación de tejidos, inestabilidad articular o pinzamiento de nervios. Aunque son poco frecuentes, también se han descrito lesiones más serias cuando se aplican movimientos bruscos o forzados.

Uno de los riesgos más graves, aunque extremadamente raro, es la lesión de vasos sanguíneos que pasan por la zona cervical, como la arteria vertebral. Una manipulación excesiva o violenta podría provocar consecuencias importantes, por lo que los expertos recomiendan evitar movimientos agresivos o realizados por personas sin formación profesional.
En el caso de los nudillos, la evidencia médica disponible indica que hacerlos crujir no se relaciona directamente con la aparición de osteoartritis ni con daños estructurales importantes. Algunos estudios han mencionado posibles efectos como inflamación o menor fuerza de agarre, pero estos resultados no han sido consistentes. Por ello, los especialistas consideran que esta costumbre probablemente no cause daños a largo plazo, aunque tampoco ofrece beneficios claros para la salud articular.
Respecto a la espalda, hacerla crujir ocasionalmente puede generar alivio temporal, en parte por un efecto placebo o por la sensación de relajación muscular. Sin embargo, permitir que otra persona manipule la columna sin preparación puede ser riesgoso. Si se busca una intervención de este tipo, lo recomendable es acudir únicamente a fisioterapeutas o quiroprácticos certificados.
También existen alternativas más seguras para disminuir la tensión muscular, como realizar estiramientos suaves, aplicar calor o frío, recibir masajes, mejorar la postura y practicar ejercicio físico con regularidad. Estas medidas pueden ayudar a reducir la rigidez sin necesidad de forzar las articulaciones.
Un caso publicado en la revista Cureus en 2022 mostró los riesgos de llevar esta conducta al extremo. Se trató de una joven que desarrolló un comportamiento compulsivo de manipulación repetida de la zona cervical con el objetivo de aliviar dolor y ansiedad. La práctica excesiva estuvo asociada a lesiones graves, entre ellas fracturas cervicales, hemorragias oculares y un accidente cerebrovascular.
En conclusión, hacer crujir algunas articulaciones de manera ocasional, suave y sin dolor suele ser inofensivo para la mayoría de las personas. Sin embargo, cuando se vuelve una práctica frecuente, brusca o necesaria para aliviar molestias constantes, puede ser una señal de tensión acumulada o de un problema que requiere evaluación profesional.
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