Alrededor de 10.000 autores han impulsado una protesta inusual contra el uso de sus obras en el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial. Entre ellos figuran nombres reconocidos de la literatura internacional como Kazuo Ishiguro, Philippa Gregory y Richard Osman. La acción consiste en la publicación de un volumen sin contenido textual que pretende llamar la atención sobre lo que consideran un uso indebido de su trabajo por parte de compañías tecnológicas.
La iniciativa lleva por título Don’t Steal This Book (“No roben este libro”) y, en lugar de incluir relatos o capítulos, contiene únicamente los nombres de los escritores participantes impresos en sus páginas. El gesto busca enviar un mensaje colectivo sobre la preocupación del sector creativo ante el empleo de obras literarias en el entrenamiento de modelos digitales sin autorización ni compensación económica.

Un gesto simbólico para defender el trabajo creativo
El peculiar libro comenzó a circular durante la Feria del Libro de Londres, coincidiendo con la próxima publicación de un informe del gobierno británico que analiza el impacto económico de posibles modificaciones en la legislación sobre derechos de autor. Con esta acción, los participantes pretenden visibilizar el debate que se está desarrollando en el Reino Unido sobre la utilización de contenidos protegidos en tecnologías emergentes.
La protesta también coincide con discusiones parlamentarias relacionadas con cambios legales que podrían afectar la protección de las obras literarias frente al uso masivo de datos por parte de empresas tecnológicas.
Ed Newton-Rex, compositor y defensor de los derechos de autor que impulsó la iniciativa, criticó duramente la forma en que muchas compañías tecnológicas obtienen los materiales con los que entrenan sus sistemas. Según explicó, la industria de la inteligencia artificial se ha construido en gran medida utilizando contenidos que fueron tomados sin permiso y sin remunerar a sus creadores.
Newton-Rex sostiene que esta práctica perjudica directamente a los autores, ya que las herramientas desarrolladas a partir de esos materiales terminan compitiendo con los propios escritores cuyos textos sirvieron como base para el entrenamiento.
Escritores y figuras del sector se suman al reclamo
Además de los autores ya mencionados, en la protesta participan otras figuras conocidas del ámbito cultural, como Mick Herron, Marian Keyes, David Olusoga y Malorie Blackman, creadora de la saga Noughts and Crosses.
Blackman expresó que no resulta exagerado esperar que las compañías tecnológicas paguen por utilizar libros escritos por otros. Para los participantes, la remuneración por el uso de sus obras debería ser un principio básico dentro de cualquier sistema que aproveche el trabajo creativo.
La contraportada del volumen resume el espíritu de la protesta con un mensaje claro dirigido a las autoridades británicas: el gobierno no debería permitir que el uso de libros por parte de empresas tecnológicas se legalice sin la protección adecuada para los creadores.
El malestar dentro del sector cultural ha aumentado tras conocerse una propuesta incluida en la consulta pública del gobierno británico. Entre las opciones planteadas se contempla permitir que empresas tecnológicas utilicen obras protegidas sin solicitar permiso previo, salvo que los autores expresen explícitamente su negativa.
Esta posibilidad ha generado fuertes críticas entre artistas y creadores. El músico Elton John, por ejemplo, se manifestó públicamente en contra de cualquier intento de flexibilizar la legislación vigente y criticó duramente la iniciativa gubernamental.
Propuestas para regular el acceso a contenidos
Mientras continúa el debate, organizaciones del sector editorial están impulsando alternativas para establecer un marco legal claro. Una de ellas es la creación de sistemas de licencias colectivas que permitan regular el acceso de empresas tecnológicas a obras protegidas.
Publishers’ Licensing Services, una entidad sin ánimo de lucro, ha invitado a editoriales y autores a participar en este modelo. La idea es crear un mecanismo que permita el uso legal de materiales creativos a cambio de una compensación económica para sus creadores.
El desarrollo de herramientas basadas en inteligencia artificial requiere grandes cantidades de datos, incluidos textos, imágenes y otros contenidos. Esto ha provocado múltiples disputas legales en distintos países.
Demandas judiciales y acuerdos millonarios
En los últimos años han surgido varios procesos judiciales relacionados con el uso de obras literarias para entrenar sistemas tecnológicos. En Estados Unidos y Reino Unido, autores y artistas han presentado demandas alegando que sus trabajos fueron utilizados sin consentimiento.
Uno de los casos más conocidos ocurrió en 2025, cuando la empresa Anthropic, responsable del chatbot Claude, aceptó pagar 1.500 millones de dólares para resolver una demanda colectiva presentada por escritores. Los demandantes sostenían que el sistema había sido entrenado utilizando copias piratas de sus libros.
Estos casos han puesto de relieve la creciente tensión entre el desarrollo tecnológico y la protección de los derechos de autor.
El debate político continúa
El gobierno del Reino Unido analiza actualmente distintas opciones regulatorias. Entre ellas se encuentran mantener la legislación actual, exigir licencias obligatorias para el uso de obras protegidas o permitir su utilización bajo un sistema de exclusión voluntaria por parte de los autores.
Otra posibilidad que se ha discutido es autorizar el uso de obras sin ofrecer mecanismos de exclusión para los creadores. También se ha planteado la posibilidad de introducir una excepción legal para investigaciones comerciales, lo que ha generado preocupación entre profesionales del sector cultural que temen posibles abusos.
Un portavoz del gobierno británico declaró que las autoridades buscan establecer un marco legal que reconozca el valor de la creatividad humana, proteja a los creadores y, al mismo tiempo, permita el desarrollo de nuevas tecnologías.
Según indicó, el Ejecutivo continuará dialogando con representantes del sector creativo antes de tomar una decisión definitiva. Está previsto que el Parlamento reciba una actualización sobre este proceso el próximo 18 de marzo.
Una protesta para influir en el debate
La publicación de este volumen sin contenido busca ejercer presión sobre las autoridades y llamar la atención sobre el valor del trabajo creativo en la era digital.
Para los autores participantes, la acción simboliza el riesgo de que las obras literarias pierdan su protección si no se establecen reglas claras para el uso de contenidos en tecnologías emergentes.
Con este gesto colectivo, miles de escritores pretenden recordar que detrás de cada libro existen años de trabajo y creatividad humana, y que ese esfuerzo merece reconocimiento y protección incluso en un entorno tecnológico en rápida evolución.
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