El vínculo entre el estrés, el acné y el bienestar emocional
El vínculo entre el estrés, el acné y el bienestar emocional
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El acné es una afección común de la piel que puede presentarse tanto en adolescentes como en adultos. Aparece principalmente en el rostro, la espalda, el cuello y los hombros cuando los poros se obstruyen con grasa, células muertas y bacterias, provocando lesiones que van desde puntos negros hasta nódulos o quistes.

Su desarrollo puede estar relacionado con cambios hormonales, exceso de sebo, inflamación, predisposición individual y ciertos medicamentos. Sin embargo, sus efectos no se limitan a la piel, pues también pueden afectar la autoestima y generar ansiedad, inseguridad o síntomas depresivos.

La relación entre el estrés y los brotes

El estrés no se considera una causa directa del acné, pero sí puede intensificar los brotes y retrasar la recuperación de las lesiones. Cuando una persona atraviesa períodos de tensión, el organismo libera cortisol y otras sustancias capaces de aumentar la producción de grasa y la respuesta inflamatoria de la piel.

Este proceso puede favorecer la obstrucción de los poros y hacer que los granos permanezcan visibles durante más tiempo. También puede provocar que las lesiones se tornen más rojas, sensibles o dolorosas.

La psicodermatología, especialidad que estudia la relación entre las emociones y las enfermedades cutáneas, señala que existe una conexión de doble vía: el estrés puede empeorar el acné y, a su vez, la aparición de brotes puede aumentar el malestar emocional.

Esta situación puede convertirse en un círculo difícil de romper, especialmente entre los adolescentes, quienes pueden experimentar mayor preocupación por su apariencia, aislamiento, baja autoestima o ansiedad.

Los hábitos también influyen

Durante los períodos de estrés es frecuente dormir menos, descuidar la rutina facial, consumir más alimentos procesados o manipular constantemente los granos. Estas conductas pueden aumentar la irritación, retrasar la cicatrización y favorecer la aparición de marcas.

Apretar o rascar las lesiones también eleva el riesgo de inflamación y cicatrices, por lo que los especialistas recomiendan evitar esta práctica.

Cómo cuidar la piel

Para reducir el riesgo de nuevos brotes, se aconseja lavar el rostro suavemente hasta dos veces al día, utilizar productos que no irriten la piel, retirar el maquillaje antes de dormir y mantener el cabello alejado de la cara.

También es importante seguir de manera constante el tratamiento indicado, descansar adecuadamente y aplicar estrategias que ayuden a controlar el estrés, como la actividad física, las técnicas de relajación o el acompañamiento psicológico.

Cuando el acné empeora, deja cicatrices o afecta significativamente el estado emocional, es recomendable consultar con un dermatólogo. Si también existen síntomas de ansiedad o depresión, atender ambas condiciones de forma simultánea puede ofrecer mejores resultados para la piel y el bienestar general.

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