En el mundo, más de 55 millones de personas viven con demencia, y cada año se suman casi diez millones de nuevos casos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Detrás de estas cifras hay rostros, familias y vidas marcadas por el olvido progresivo. De todos los tipos de demencia, el Alzheimer representa entre el 60 % y el 70 % de los casos, y tiene un rostro que se repite con mayor frecuencia: el de una mujer mayor.

Un riesgo que pesa más en ellas
Según la Sociedad de Alzheimer del Reino Unido, las mujeres tienen mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad a lo largo de sus vidas. ¿La razón principal? Viven más tiempo. Y la edad sigue siendo, hasta ahora, el mayor factor de riesgo conocido. Pero quedarse solo con esa explicación sería simplificar demasiado una realidad mucho más compleja.
Los estudios muestran que dos de cada tres pacientes con Alzheimer son mujeres, una diferencia que va más allá de la longevidad. Cromosomas, hormonas, desigualdades sociales, acceso a la educación y condiciones de vida también juegan un papel crucial en esta brecha.
Cuando la biología influye
Investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard y del Hospital General Brigham de Massachusetts han puesto bajo la lupa el papel de los cromosomas sexuales y el impacto de la menopausia.
Las mujeres tienen dos cromosomas X, donde se alojan genes vinculados al sistema inmunitario y a la estructura cerebral. Esta carga genética podría hacerlas más vulnerables frente al Alzheimer.
A eso se suma la menopausia, un proceso biológico que altera profundamente el equilibrio hormonal femenino. Durante esta etapa, disminuye drásticamente la producción de estrógenos, una hormona que también tiene funciones protectoras en el cerebro. Sin este escudo, el deterioro cognitivo puede acelerarse.
“La menopausia es probablemente una de las piezas más importantes del rompecabezas”, asegura la neuróloga Anna Bonkhoff, investigadora en Harvard. A su juicio, los cambios hormonales no son meros síntomas pasajeros, sino eventos biológicos de alto impacto neurológico.
El factor social y la realidad latinoamericana
En América Latina y el Caribe, donde las brechas de género y pobreza son más profundas, la carga del Alzheimer en mujeres es aún mayor. Así lo señala un artículo publicado en The Lancet Healthy Longevity por la doctora Lucía Crivelli (Fleni), junto a investigadoras de la Universidad de Luxemburgo.
El estudio sostiene que las mujeres, especialmente en contextos de desigualdad, enfrentan una suma de factores de riesgo: menos acceso a la educación, menor participación laboral, malnutrición, obesidad, violencia, precariedad en la atención médica y, en general, un menor acceso a condiciones de vida saludables.
“Las condiciones sociales y económicas dejan huella en el cerebro”, apunta Crivelli. Y esa huella, con el paso de los años, puede convertirse en una ruta hacia el deterioro cognitivo.
El tiempo y el tratamiento también importan
Otra línea de investigación liderada por la doctora Rachel Buckley, también de Harvard, profundiza en el uso de la terapia de reemplazo hormonal. Su estudio reveló que iniciar esta terapia después de los 70 años puede estar vinculado a una mayor acumulación de proteína tau en el cerebro, una de las marcas biológicas del Alzheimer.
Este hallazgo respalda la hipótesis del "momento oportuno": si bien la terapia hormonal puede ayudar en la menopausia, usarla demasiado tarde podría ser contraproducente.
Buckley propone una nueva etapa de investigación: analizar en detalle qué sucede en el cuerpo y el cerebro femenino durante la menopausia, y cómo eso se relaciona con el riesgo de desarrollar Alzheimer en la vejez.
Más allá de la biología: una visión de justicia de género en salud
Las científicas coinciden: entender las diferencias biológicas y sociales entre hombres y mujeres no es dividir, sino personalizar los tratamientos y prevenir mejor. La clave no está solo en prolongar la vida, sino en asegurar que esa vida, especialmente para las mujeres, se viva con plenitud mental.
En palabras de Bonkhoff:
“Comprender las diferencias de género en enfermedades neurológicas como el Alzheimer no es un lujo científico. Es una necesidad urgente si queremos ofrecer una medicina más justa, más humana y verdaderamente eficaz”.
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