Estas 9 señales pueden advertir la llegada de una migraña
Estas 9 señales pueden advertir la llegada de una migraña
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Confusión, cambios de ánimo, cansancio, mareos o molestias digestivas pueden manifestarse horas e incluso días antes del inicio de una crisis. Reconocer estas señales permite anticiparse al episodio, seguir las indicaciones médicas y reducir su impacto en las actividades diarias.

Esta afección neurológica crónica y hereditaria afecta aproximadamente al 12 % de la población mundial, principalmente a las mujeres. No se limita a un dolor de cabeza común: suele producir una molestia intensa y pulsátil, generalmente localizada en un lado de la cabeza, acompañada de sensibilidad a la luz, los sonidos y los olores, además de náuseas o vómitos.

La neuróloga Amaal Starling, de Mayo Clinic, explica que las crisis varían considerablemente entre pacientes. Algunas personas presentan episodios ocasionales, mientras que otras experimentan ataques frecuentes capaces de alterar su trabajo, estudios y vida familiar. Debido a su componente genético, cuando uno de los padres padece esta enfermedad, sus hijos tienen alrededor de un 50 % de probabilidades de desarrollarla.

Dos formas principales

La Cleveland Clinic distingue dos presentaciones habituales: con aura y sin aura. En la primera aparecen alteraciones neurológicas temporales, como destellos luminosos, líneas en zigzag, hormigueo o debilidad pasajera en las extremidades. Estas manifestaciones suelen presentarse antes del dolor, aunque también pueden surgir durante la crisis o sin que posteriormente aparezca la cefalea.

Los episodios pueden desarrollarse en varias etapas. La fase prodrómica comienza hasta 24 horas antes y suele provocar cambios sutiles en la energía, el estado de ánimo o la capacidad de concentración.

Después puede aparecer el aura, cuyas alteraciones sensoriales acostumbran durar entre cinco y 60 minutos. La fase de dolor puede extenderse entre cuatro y 72 horas y, con frecuencia, incluye náuseas, vómitos y sensibilidad extrema ante estímulos externos.

Una vez que cede la molestia principal comienza el periodo postdrómico, conocido también como “resaca migrañosa”. Esta etapa puede prolongarse hasta 48 horas y ocasionar agotamiento, confusión y sensibilidad residual.

Las señales que pueden anticipar una crisis

1. Dificultad para pensar con claridad

La llamada niebla mental provoca confusión, problemas de concentración y menor agudeza. La persona puede olvidar responsabilidades, sentirse abrumada o prestar menos atención a los detalles, afectando su productividad y sus tareas cotidianas.

2. Cambios repentinos de ánimo

La tristeza puede presentarse antes del dolor mediante llanto, pensamientos negativos, falta de motivación o pesimismo. Estas alteraciones se relacionan con cambios en la actividad de los neurotransmisores durante la fase inicial.

3. Mareos o sensación de inestabilidad

Algunas personas experimentan un ligero desequilibrio, mientras que otras sienten vértigo, como si el entorno estuviera girando. Este síntoma puede dificultar la movilidad y generar inseguridad al caminar.

4. Deseos repentinos de determinados alimentos

El aumento del apetito o los antojos de productos dulces, salados o ultraprocesados también pueden funcionar como advertencia. En ciertos casos, comer ayuda a disminuir las molestias digestivas que acompañan esta etapa.

5. Rigidez y molestias musculares

Es frecuente sentir tensión en el cuello, los hombros y la parte superior de la espalda. La incomodidad puede percibirse como rigidez, dolor punzante o músculos sensibles, y mantenerse durante el episodio o mejorar conforme desaparece la cefalea.

6. Mayor sensibilidad ante estímulos externos

Las luces brillantes, los sonidos fuertes y determinados olores pueden resultar especialmente incómodos. Incluso estímulos que normalmente pasarían inadvertidos pueden sentirse más intensos de lo habitual.

7. Agotamiento sin una causa evidente

La fatiga puede comenzar horas o días antes. No se trata únicamente de cansancio por falta de sueño o esfuerzo físico, sino de una sensación general de baja energía, somnolencia durante el día y bostezos frecuentes, incluso después de haber descansado.

8. Irritabilidad

Las situaciones cotidianas pueden generar una reacción emocional más intensa. Pequeños inconvenientes o momentos de estrés resultan más difíciles de manejar y provocan malestar desproporcionado.

9. Malestar estomacal

Las náuseas pueden aparecer antes del dolor y manifestarse como rechazo repentino a los alimentos, estómago revuelto, mal sabor de boca, arcadas o vómitos. Esta molestia puede dificultar la alimentación y la hidratación.

No todas las personas desarrollan las nueve señales ni siguen las mismas fases. Sin embargo, identificar patrones individuales resulta especialmente útil para quienes presentan episodios frecuentes o incapacitantes.

Prevención y tratamiento

El manejo combina medicamentos, control de desencadenantes y hábitos saludables. Dependiendo de la frecuencia y gravedad de los ataques, los profesionales pueden recomendar tratamientos preventivos diarios, inyecciones periódicas o fármacos de rescate para utilizar al inicio de los síntomas.

También es importante identificar factores que pueden favorecer las crisis, entre ellos el estrés, determinados alimentos, las alteraciones hormonales y los cambios en las rutinas de descanso. Llevar un registro de los episodios ayuda a reconocer patrones, duración, intensidad y posibles desencadenantes.

Mantener horarios regulares de sueño, consumir una alimentación equilibrada, realizar actividad física y aplicar técnicas para controlar el estrés, como la atención plena o la biorretroalimentación, puede disminuir la frecuencia y el impacto de los ataques.

Quienes reconozcan señales tempranas deben descansar, seguir el tratamiento indicado y consultar a un profesional si los síntomas empeoran, cambian de forma repentina o interfieren considerablemente con su vida diaria.

El diagnóstico es principalmente clínico. Mayo Clinic señala que no existe una prueba de laboratorio o estudio de imagen específico que confirme la enfermedad. Los médicos evalúan los antecedentes personales, las características del dolor, la sensibilidad a la luz o al sonido, las náuseas y la frecuencia de los episodios.

Aunque las crisis pueden ser incapacitantes, reconocer las primeras manifestaciones y recibir atención médica adecuada permite mejorar su control y mantener una vida activa.

Este artículo fue publicado originalmente en Infobae y está protegido por derechos de autor. Todos los derechos reservados a Infobae. Puedes consultar el artículo original en su (https://www.infoabe.com).