Dos hábitos cotidianos pueden alterar el equilibrio hormonal del organismo: vivir bajo estrés constante y dormir mal. De acuerdo con información citada por EatingWell, esta hormona no debe verse como algo negativo por sí misma, ya que cumple funciones esenciales; sin embargo, cuando su ritmo diario se desajusta, puede relacionarse con problemas metabólicos y otros riesgos para la salud.

El texto señala que tanto el estrés crónico como la falta de descanso modifican el ritmo circadiano natural de esta sustancia. Esa alteración puede vincularse con resistencia a la insulina, menor tolerancia a la glucosa, cambios en el estado de ánimo y otras complicaciones.
La doctora Simran Malhotra, especialista en medicina del estilo de vida y salud hormonal, explicó al medio que esta hormona ayuda al cuerpo a despertar por la mañana, responder ante situaciones de presión, regular el azúcar en sangre y controlar procesos inflamatorios. Según detalló, funciona como una especie de sistema de alarma interno: alcanza sus niveles más altos durante la mañana para activar el organismo y disminuye por la noche para facilitar el descanso.
Por su parte, la endocrinóloga Maram Khalifa indicó que los hábitos diarios tienen una influencia importante sobre esta hormona, ya que el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal responde a señales como la luz, las comidas, el ejercicio, el sueño y el estrés. Estos factores le indican al cuerpo cuándo debe aumentar su liberación y cuándo reducirla.
Khalifa añadió que cuando sus niveles elevados aparecen junto con hipertensión no controlada, diabetes, dislipidemia u osteoporosis, es necesario buscar atención médica. No obstante, aclaró que las alteraciones leves del ritmo natural y los aumentos moderados suelen mejorar cuando se corrigen los hábitos que más influyen en el organismo.
El estrés sostenido es uno de los principales factores que puede alterar este equilibrio. Las responsabilidades diarias, la revisión constante del correo, las preocupaciones económicas o los conflictos personales pueden mantener al cuerpo en un estado de tensión que muchas personas terminan considerando normal.
La especialista explicó que, en situaciones puntuales, el estrés provoca un aumento útil de esta hormona, ya que prepara al cuerpo para responder ante una emergencia. El problema surge cuando esa activación se mantiene por demasiado tiempo. En esos casos, el organismo conserva niveles altos durante más horas de lo adecuado, especialmente por la noche, cuando deberían disminuir.
Este patrón dificulta que el cuerpo entre en una etapa de relajación y recuperación. Según EatingWell, esa desregulación puede aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca, ansiedad, depresión y resistencia a la insulina.
La American Psychological Association también ha advertido que la exposición prolongada al estrés puede provocar una liberación sostenida de esta hormona, elevando el riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares y trastornos del ánimo. Además, la entidad señala que el estrés crónico puede afectar la función inmunitaria y favorecer procesos inflamatorios que dañan la salud general.
El mal sueño es otro factor que influye directamente en este proceso. Dormir pocas horas, acostarse tarde, pasar mucho tiempo frente a pantallas o continuar trabajando durante la noche puede desajustar aún más el ritmo hormonal. Malhotra explicó que las personas que duermen poco de forma constante suelen presentar niveles más altos durante la noche.
En condiciones normales, esta hormona desciende al inicio de la noche y luego comienza a subir hasta alcanzar su punto máximo por la mañana. Cuando el descanso es insuficiente de manera continua, la diferencia entre los niveles altos y bajos se reduce, haciendo que la curva diaria se vuelva más plana.
Khalifa advirtió que mantener niveles relativamente altos durante la noche puede favorecer la resistencia a la insulina, empeorar la tolerancia a la glucosa y alterar otras hormonas relacionadas con el aumento del apetito. También puede contribuir a la acumulación de grasa visceral y al desarrollo de síndrome metabólico.
Un análisis realizado en 95 adultos jóvenes reforzó esta relación. Durante dos semanas, los investigadores midieron los niveles hormonales por la mañana y antes de dormir, y observaron que quienes presentaban valores más altos al acostarse dormían menos horas y tenían una curva diaria menos marcada que quienes descansaban mejor.
El texto también advierte que el mal descanso y la desregulación hormonal pueden convertirse en un ciclo: dormir mal altera el equilibrio del cuerpo, y ese desequilibrio dificulta dormir bien. Por eso, Khalifa recomendó dormir entre 7 y 9 horas por noche, manteniendo horarios regulares para acostarse y despertarse.
Otro estudio publicado en la revista Sleep, realizado con más de 2,700 adultos, encontró que quienes dormían menos de seis horas por noche presentaban mayores niveles al despertar y una mayor incidencia de síndrome metabólico. Los autores concluyeron que la restricción crónica del sueño se asocia con una desregulación importante del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y con un perfil hormonal que favorece el aumento de peso y la resistencia a la insulina.
Para ayudar a regular este equilibrio, los expertos recomiendan trabajar en el manejo del estrés, practicar meditación de atención plena, ejercicios de respiración profunda y terapia cognitivo-conductual. Khalifa también mencionó actividades como el yoga, que pueden contribuir a reducir la respuesta del cuerpo ante la tensión.
La actividad física también cumple un papel importante. Aunque el ejercicio intenso durante la noche puede elevar temporalmente esta hormona, la práctica moderada y constante ayuda a mejorar la adaptación del organismo frente al estrés y puede favorecer un patrón hormonal más saludable.
Finalmente, los especialistas destacan la importancia de mantener rutinas estables. Comer, dormir, ejercitarse y exponerse a la luz en horarios regulares puede ser más útil que recurrir a suplementos costosos o métodos complejos. La constancia en los hábitos diarios ayuda al cuerpo a mantener un ritmo circadiano más ordenado y saludable.
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