La música hondureña está de luto tras el fallecimiento de Mario Ernesto Castro, conocido artísticamente como Mario de Mezapa, uno de los cantautores más emblemáticos de Honduras, cuya obra reflejó con honestidad y sensibilidad la vida, las costumbres y las luchas del pueblo hondureño.
Nacido hace más de 50 años en Mezapa, Atlántida, Mario de Mezapa comenzó su relación con la música desde muy joven, destacándose en la escuela por su talento declamatorio. Recibió su primera guitarra de manos del profesor Eugenio Romero Bulnes, y pronto comenzó a interpretar canciones de Javier Solís y la Sonora Matancera, dando inicio a una trayectoria que lo convertiría en una voz emblemática de la cultura popular.
Desde los años setenta, Mario de Mezapa combinó su faceta artística con su activismo social, participando en el movimiento campesino y en la Central Nacional de Trabajadores del Campo (CNTC), donde promovió la Reforma Agraria y llevó su música a distintos rincones del país. Su primer álbum, Retorno al Campo, reflejaba estas luchas, mientras que sus producciones más recientes, como Junto al Pueblo y De sucias, cadejos y cucuruchos, continuaron explorando la vida, las tradiciones y la realidad política hondureña.
Su vida estuvo marcada por la resiliencia y la humildad. Hijo único de doña Rita Castro, Mario enfrentó dificultades desde la infancia, llegando incluso a dormir en las calles de San Pedro Sula y desempeñando diversos oficios como albañil, carpintero y lustrador de zapatos para sostenerse, siempre manteniendo la música como su pasión central.
Mario de Mezapa se definía a sí mismo como “el cantar del pueblo”, y su obra refleja esa misión: canciones que hablan de la vida cotidiana, del amor, de la mujer hondureña y de los trabajadores, especialmente de los obreros de maquila, transmitiendo valores y mensajes de esperanza con talento y autenticidad. Además, participó en obras teatrales y promovió la cultura desde su rol como Secretario de Arte y Cultura en la CNTC.
Su legado artístico trasciende generaciones. Con una voz y un mensaje profundamente conectados con la identidad hondureña, Mario de Mezapa deja una huella imborrable que continuará inspirando a músicos, artistas y al público de todo el país.