Leche de avena: ¿aliada de tu salud o moda pasajera?
Leche de avena: ¿aliada de tu salud o moda pasajera?
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En los últimos años, la leche de avena se ha posicionado como una de las bebidas vegetales más consumidas por quienes buscan sustituir la leche de vaca. Su consistencia cremosa, su sabor suave y su versatilidad en preparaciones como café, licuados y recetas caseras la han convertido en una opción habitual en cafeterías y hogares. Además, su imagen asociada a un estilo de vida saludable y respetuoso con el medio ambiente ha impulsado su popularidad, desplazando en muchos casos a otras alternativas vegetales como la leche de almendras o de soya.

Para muchas personas, su elección responde a la intolerancia a la lactosa, a preferencias por dietas basadas en plantas o a la percepción de que se trata de una opción más nutritiva. Sin embargo, esta bebida no está exenta de cuestionamientos. Nutricionistas y especialistas han señalado que, pese a sus ventajas, su perfil nutricional presenta aspectos que conviene analizar con mayor detalle antes de incorporarla de forma regular en la alimentación.

Cuestionamientos desde la nutrición
Uno de los principales puntos de crítica se relaciona con su contenido de carbohidratos. De acuerdo con expertos citados por The Independent, una taza de leche de avena puede aportar alrededor de 16 gramos de carbohidratos, una cantidad comparable a la de una rebanada de pan. Este aporte puede provocar aumentos rápidos de glucosa en sangre, lo que representa una consideración importante para personas con diabetes o para quienes buscan mantener estables sus niveles de azúcar. La dietista Nour Zibdeh, citada por la revista Prevention, explica que, a diferencia de la leche de vaca, la de avena es baja en proteínas y grasas, nutrientes que ayudan a ralentizar la absorción de los azúcares y a prolongar la sensación de saciedad. Esta composición puede traducirse en fluctuaciones de energía a lo largo del día.

Otro aspecto señalado por los especialistas es la presencia de azúcares añadidos, aceites vegetales y otros aditivos en muchas presentaciones comerciales. Estos ingredientes se incorporan para mejorar la textura y el sabor, pero elevan el aporte calórico y modifican el perfil nutricional del producto. Además, debido a los procesos industriales a los que se somete, la leche de avena suele considerarse un alimento ultraprocesado, categoría que algunos estudios asocian con un mayor riesgo de problemas de salud cuando su consumo es frecuente.

A ello se suma la posibilidad de contaminación cruzada con gluten durante el procesamiento, lo que representa un riesgo para personas con enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten. Por esta razón, los expertos recomiendan verificar que el producto esté certificado como libre de gluten cuando sea necesario.

Aportes positivos de la leche de avena

Pese a estas observaciones, la leche de avena también presenta ventajas que explican su aceptación entre los consumidores. Al no contener lactosa, soja ni frutos secos, se convierte en una alternativa adecuada para personas con diversas intolerancias o alergias alimentarias. Su dulzor natural y su consistencia similar a la leche de vaca facilitan su uso en bebidas calientes y frías, así como en distintas preparaciones culinarias.

Desde el punto de vista nutricional, muchas marcas fortifican la leche de avena con vitaminas del grupo B, como la riboflavina (B2) y la vitamina B12, micronutrientes importantes para el metabolismo energético y especialmente relevantes en dietas de origen vegetal, según destaca Caroline Hind en la revista Naturable. Asimismo, suele enriquecerse con calcio y vitamina D, elementos clave para la salud ósea, de acuerdo con la Clínica Cleveland.

Otro de sus componentes de interés es el betaglucano, una fibra soluble propia de la avena que puede contribuir a la reducción del colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”. Estudios indican que esta fibra forma una sustancia viscosa en el intestino que se une al colesterol e impide su absorción, lo que podría favorecer la salud cardiovascular. A diferencia de la leche de vaca, la de avena aporta fibra dietética, lo que puede beneficiar la digestión y el tránsito intestinal.

En términos ambientales, la producción de leche de avena genera una huella ecológica menor en comparación con la leche de vaca y con otras alternativas vegetales, como la de almendras. Su elaboración requiere menos agua y menos superficie de cultivo, además de producir menores emisiones de gases de efecto invernadero.

Recomendaciones para un consumo más equilibrado

Las dietistas citadas por The Independent sugieren que, para minimizar los posibles efectos negativos de la leche de avena, conviene combinarla con alimentos ricos en proteínas y grasas saludables. De esta manera, se logra un mejor equilibrio de macronutrientes y se reduce el impacto de los carbohidratos sobre los niveles de glucosa en sangre. Por ejemplo, acompañar un café con leche de avena con huevos o yogur griego en el desayuno puede ayudar a mantener una mayor estabilidad energética.

Asimismo, recomiendan revisar detenidamente las etiquetas de los productos. Muchas versiones comerciales contienen azúcares añadidos, emulsionantes y aceites vegetales que alteran el valor nutricional esperado. La opción más recomendable es elegir presentaciones cuya lista de ingredientes sea corta y se limite, en lo posible, a avena y agua, sin aditivos innecesarios.

Para quienes buscan reducir la ingesta de carbohidratos, los especialistas proponen considerar otras bebidas vegetales con menor contenido de este nutriente, como la leche de almendras o de soya sin azúcar, que suelen ofrecer un mejor balance entre proteínas, grasas y carbohidratos. En el caso de personas con diabetes o que requieren un control más estricto de la glucosa, la recomendación es optar por alternativas vegetales con mayor aporte proteico y bajo contenido de azúcares, como la leche de soya, lo que ayuda a mantener niveles de azúcar en sangre más estables y a evitar picos bruscos de energía.

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