El hígado graso, conocido médicamente como esteatosis hepática, es una afección caracterizada por la acumulación excesiva de grasa en las células del hígado. En los últimos años, su incidencia ha aumentado tanto en adultos como en jóvenes, impulsada principalmente por el sobrepeso, el sedentarismo y hábitos alimentarios poco saludables, según advirtió Sport Life.
Especialistas coinciden en que una alimentación equilibrada, el control del peso corporal y la actividad física regular son factores determinantes para prevenir la progresión de esta enfermedad y reducir el riesgo de complicaciones hepáticas.

El rol clave de los hábitos saludables
Sport Life subraya que el estilo de vida juega un papel central en la aparición y el manejo del hígado graso. La falta de ejercicio, junto con el consumo elevado de grasas saturadas y azúcares añadidos, favorece la acumulación de grasa hepática y el deterioro de su función.
Adoptar una rutina activa y una dieta balanceada no solo ayuda a prevenir la enfermedad, sino que también puede revertir sus etapas iniciales.
Alimentos recomendados para cuidar el hígado
Una dieta orientada a la salud hepática debe priorizar alimentos naturales y ricos en nutrientes esenciales. Entre los principales aliados del hígado se encuentran:
Frutas y verduras:
Son fundamentales por su alto contenido de antioxidantes, vitaminas y fibra. Consumir una amplia variedad de colores permite maximizar su efecto protector sobre el hígado, señala Sport Life.
Cereales integrales:
Avena, quinoa, arroz integral y pan integral aportan fibra y ayudan a regular el metabolismo, favoreciendo el buen funcionamiento hepático. Su inclusión diaria es recomendada como parte de una alimentación protectora.
Proteínas magras:
Pollo, pavo, pescado, huevos y legumbres contribuyen a la regeneración de las células del hígado sin añadir grasas innecesarias, lo que resulta clave en casos de esteatosis hepática.
Pescado azul:
Especies como salmón, trucha y arenque son ricas en ácidos grasos omega-3, conocidos por su capacidad para reducir la inflamación y mejorar el metabolismo de las grasas en el hígado.
Frutos secos y semillas:
Almendras, nueces, chía y lino aportan grasas insaturadas, antioxidantes y fibra. Consumidos con moderación, ayudan a proteger y mantener la función hepática.
Aceite de oliva virgen extra:
Destaca por su efecto antiinflamatorio y su contribución a la integridad celular del hígado. Sport Life recomienda utilizarlo como principal fuente de grasa en la dieta.
Lácteos bajos en grasa:
Leche, yogur y queso descremados aportan proteínas y calcio sin exceso de grasas saturadas, favoreciendo una nutrición equilibrada y compatible con la salud hepática.
Té verde:
Rico en antioxidantes, puede colaborar en la reducción de la grasa acumulada en el hígado y cuenta con respaldo científico por su efecto protector.
Café:
Consumido con moderación, se asocia a un menor riesgo de enfermedades hepáticas, incluida la esteatosis, gracias a sus compuestos bioactivos.
Vegetales crucíferos:
Brócoli, col rizada, coliflor y coles de Bruselas favorecen los procesos de desintoxicación hepática y la eliminación de sustancias nocivas.
Ajo:
Sus compuestos sulfurados estimulan enzimas que participan en la desintoxicación del hígado, lo que lo convierte en un alimento recomendado.
Recomendaciones para prevenir el hígado graso
Además de una alimentación adecuada, Sport Life aconseja limitar el consumo de grasas saturadas, azúcares y productos ultraprocesados. Moderar el alcohol, mantener una rutina de ejercicio físico y sostener un peso saludable son medidas esenciales para evitar la progresión de la enfermedad.
Ante dudas específicas sobre dieta o estilo de vida, la consulta con un profesional de la salud permite recibir orientación personalizada y segura.
La combinación de una dieta variada, actividad física regular y la reducción de excesos alimentarios se presenta como la estrategia más efectiva para preservar la salud del hígado y disminuir los riesgos asociados al hígado graso, concluye Sport Life.
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