Migraña: las señales que ayudan a confirmar el diagnóstico
Migraña: las señales que ayudan a confirmar el diagnóstico
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La migraña es uno de los trastornos neurológicos más frecuentes a nivel mundial. Se estima que afecta a cerca de 1.160 millones de personas, alrededor del 14,7 % de la población global, de acuerdo con datos del Global Burden of Disease 2021.

A diferencia de otras enfermedades, no existe un examen de laboratorio, una resonancia o una tomografía capaz de confirmar por sí sola que una persona tiene migraña. Por esa razón, el diagnóstico depende principalmente de la historia clínica, las características de los episodios y la repetición de determinados síntomas.

El neurólogo Paul Rizzoli, director clínico del Graham Headache Center del Brigham and Women’s/Faulkner Hospital, explicó a Harvard Health Publishing que los médicos identifican la migraña observando patrones que se repiten a lo largo del tiempo.

Aunque la ciencia ha avanzado en la comprensión de los mecanismos neurológicos relacionados con este trastorno, todavía existen interrogantes sobre su origen. Una de las hipótesis apunta a una predisposición genética que haría que algunas personas tengan un cerebro más sensible frente a determinados estímulos.

Entre los factores que pueden desencadenar una crisis se encuentran el estrés, las alteraciones del sueño, los cambios hormonales, ciertos alimentos y las variaciones del clima. Sin embargo, los desencadenantes y la intensidad de los síntomas pueden variar considerablemente entre pacientes e incluso cambiar en una misma persona con el paso del tiempo.

Por qué una resonancia no confirma la migraña

Los estudios de imágenes cerebrales no suelen mostrar cambios específicos que permitan diagnosticar una migraña. Esto significa que una resonancia magnética o una tomografía no se utilizan habitualmente para confirmar el trastorno.

Su función es diferente: pueden ser solicitadas cuando existen síntomas poco habituales o señales que hacen necesario descartar otras enfermedades.

Para llegar al diagnóstico, los médicos analizan principalmente las características del dolor y los síntomas que lo acompañan. Entre los más comunes se encuentran el dolor pulsátil, molestias en uno o ambos lados de la cabeza, náuseas, sensibilidad a la luz o al sonido y empeoramiento con la actividad física.

Uno de los elementos más importantes es observar si estos episodios aparecen de manera recurrente y si, entre una crisis y otra, la persona vuelve a sentirse con normalidad.

Esa alternancia entre períodos de malestar y etapas sin síntomas puede ayudar a diferenciar la migraña de otros trastornos que provocan molestias continuas o un deterioro progresivo.

También existen conceptos equivocados sobre esta enfermedad. Una migraña no siempre provoca un dolor intenso, no necesariamente afecta el mismo lado de la cabeza y tampoco todos los pacientes presentan aura.

Algunas personas experimentan crisis leves o moderadas, mientras que otras pueden sufrir episodios incapacitantes acompañados de alteraciones visuales, mareos, molestias digestivas o una marcada sensibilidad a la luz y al ruido.

Las preguntas que ayudan a identificar una migraña

La entrevista médica cumple un papel fundamental en el diagnóstico. El especialista suele preguntar cuándo comenzaron los episodios, cuánto duran, cuántos días al mes aparece el dolor y qué ocurre antes, durante y después de cada crisis.

También puede investigar la existencia de antecedentes familiares, posibles factores desencadenantes y el impacto que los síntomas tienen en las actividades cotidianas.

Otro aspecto importante es determinar si existen señales previas al dolor y establecer el orden en que aparecen las molestias. Toda esta información permite reconstruir el patrón de las crisis y valorar si coincide con las características habituales de la migraña.

En algunos casos, ciertos síntomas pueden hacer necesaria una evaluación más profunda. La aparición de debilidad en brazos o piernas, dificultad para caminar o hablar, problemas de memoria o concentración, alteraciones visuales inusuales o pérdida de audición puede llevar al médico a solicitar estudios complementarios.

Estas pruebas no buscan detectar directamente una migraña, sino descartar otras posibles causas de los síntomas, como accidentes cerebrovasculares, hemorragias, infecciones, tumores u otras alteraciones neurológicas o vasculares.

Qué ocurre después del diagnóstico

Una vez identificada la migraña, el tratamiento se define de acuerdo con la frecuencia de las crisis, su intensidad y la forma en que afectan la vida diaria del paciente.

La estrategia puede incluir medicamentos para aliviar los síntomas cuando comienza un episodio y, en determinados casos, tratamientos preventivos destinados a disminuir la frecuencia o intensidad de las crisis.

Según Rizzoli, la posibilidad de iniciar un tratamiento preventivo suele evaluarse especialmente cuando una persona presenta cuatro o más episodios de migraña al mes.

El objetivo es reducir el impacto de la enfermedad y evitar que los dolores de cabeza se vuelvan cada vez más frecuentes. Por ello, llevar un registro de los episodios, identificar posibles desencadenantes y consultar con un profesional cuando los síntomas cambian o aumentan puede aportar información importante para establecer el tratamiento más adecuado.

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