Onicofagia: cuando morderse las uñas se convierte en un riesgo para la salud
Onicofagia: cuando morderse las uñas se convierte en un riesgo para la salud
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Morderse las uñas es una conducta frecuente que afecta entre el 20 % y el 30 % de la población. Aunque suele relacionarse con el estrés, la ansiedad o el aburrimiento, este hábito puede facilitar el ingreso de microorganismos al organismo y ocasionar lesiones en las uñas, la piel, los dientes y las encías.

Las uñas pueden acumular numerosos microorganismos

Las manos entran en contacto constante con objetos, superficies y otras personas, por lo que pueden transportar bacterias, hongos y suciedad. La zona debajo de las uñas representa un riesgo particular, ya que su forma facilita la acumulación de microorganismos difíciles de eliminar.

Una investigación publicada en 1988 en el Journal of Clinical Microbiology identificó el área subungueal como la parte de la mano con mayor concentración bacteriana. Al llevar repetidamente los dedos a la boca, estos microorganismos pueden ingresar directamente al organismo.

Mayor presencia de bacterias en la boca

Los efectos de este hábito también pueden observarse en la salud bucal. Un estudio realizado en 2007 encontró enterobacterias en el 76 % de las personas que se mordían las uñas, frente al 26.5 % registrado entre quienes no tenían esa costumbre.

Otra investigación publicada en 2017 obtuvo resultados similares: el 58 % de las personas con onicofagia crónica presentó bacterias de la familia Enterobacteriaceae en la saliva, mientras que en el grupo sin este hábito la proporción fue del 16 %.

Daños en uñas, piel, dientes y encías

Morderse las uñas de forma constante puede provocar uñas cortas, irregulares y frágiles, así como cutículas desgarradas, sangrado, surcos y heridas alrededor de los dedos. Cuando la piel queda expuesta, también aumenta la posibilidad de desarrollar infecciones bacterianas o micóticas.

La presión repetitiva al morder puede desgastar el esmalte dental, causar pequeñas fracturas y afectar las encías. En casos prolongados, el crecimiento normal de la uña podría verse alterado debido a lesiones en su matriz.

¿Cómo se puede abandonar este hábito?

Dejar de morderse las uñas puede resultar difícil porque, en muchas personas, funciona como una reacción automática ante determinadas emociones o situaciones. El primer paso consiste en identificar los momentos que desencadenan la conducta y sustituirla por actividades que mantengan las manos ocupadas.

Los especialistas también recomiendan conservar las uñas cortas, utilizar esmaltes de sabor amargo y limpiar con frecuencia la zona debajo de ellas. La terapia conductual puede ser útil cuando el hábito está asociado con ansiedad o estrés.

Si la conducta persiste, interfiere con la vida cotidiana o causa dolor, inflamación, sangrado o infecciones frecuentes, es recomendable buscar orientación médica o psicológica.

Este artículo fue publicado originalmente en Infobae y está protegido por derechos de autor. Todos los derechos reservados a Infobae. Puedes consultar el artículo original en su (https://www.infoabe.com).