La prediabetes puede desarrollarse durante años sin provocar síntomas, por lo que muchas personas desconocen que sus niveles de glucosa ya se encuentran por encima de lo normal. Aunque todavía no se considera diabetes tipo 2, esta condición representa una señal de advertencia que requiere atención.
Francisco Ampudia-Blasco, presidente de la Fundación de la Sociedad Española de Diabetes, destaca que identificar a tiempo a quienes están en riesgo permite adoptar medidas para prevenir o retrasar el desarrollo de la enfermedad.

¿Cómo se detecta la prediabetes?
La prediabetes puede diagnosticarse mediante diferentes análisis de sangre. Se considera que existe un mayor riesgo cuando la glucosa en ayunas se encuentra entre 100 y 125 mg/dL, cuando el resultado es de 140 a 199 mg/dL dos horas después de una prueba de tolerancia a la glucosa o cuando la hemoglobina glicosilada se sitúa entre 5,7 % y 6,4 %.
Como generalmente no produce señales visibles, suele descubrirse durante exámenes médicos de rutina. Las pruebas más utilizadas son la medición de glucosa en ayunas y la hemoglobina glicosilada, mientras que la prueba de tolerancia oral puede ofrecer mayor sensibilidad, aunque requiere un procedimiento más complejo.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Las personas con sobrepeso u obesidad y otros factores de riesgo deberían realizarse controles periódicos. Entre los principales factores se encuentran los antecedentes familiares de diabetes, la hipertensión arterial, el colesterol o los triglicéridos elevados, las enfermedades cardiovasculares y la falta de actividad física.
También presentan mayor riesgo quienes padecen síndrome de ovario poliquístico, obesidad grave, hígado graso u otras condiciones relacionadas con la resistencia a la insulina. Detectar estos factores permite intervenir antes de que la glucosa alcance niveles compatibles con diabetes tipo 2.
Cambiar los hábitos puede marcar la diferencia
La prediabetes puede revertirse, especialmente cuando se detecta de manera temprana. Mejorar la alimentación, realizar actividad física con regularidad y mantener un peso saludable puede disminuir hasta en un 58 % el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, según datos del Programa de Prevención de la Diabetes de Estados Unidos.
Los patrones de alimentación deben adaptarse a las necesidades y condiciones de cada persona. En determinados casos, el médico también puede recomendar medicamentos como la metformina, principalmente en pacientes jóvenes con sobrepeso u obesidad y un riesgo elevado de desarrollar la enfermedad.
Investigaciones recientes también señalan que recuperar niveles normales de glucosa puede ofrecer beneficios cardiovasculares a largo plazo, al reducir las probabilidades de sufrir complicaciones como infartos, accidentes cerebrovasculares o insuficiencia cardíaca.
La prediabetes no debe verse como un diagnóstico definitivo, sino como una oportunidad para actuar. Un análisis de sangre, acompañado de una evaluación médica, puede ayudar a detectarla a tiempo y orientar los cambios necesarios para proteger la salud.
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