Todo sobre el astigmatismo: cómo identificarlo y corregirlo
Todo sobre el astigmatismo: cómo identificarlo y corregirlo
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Escuchar en una consulta oftalmológica que el ojo “no es completamente redondo, sino más parecido a un balón de fútbol” puede generar sorpresa e incluso preocupación. Sin embargo, esa metáfora sencilla es una de las formas más habituales de explicar el astigmatismo, uno de los errores refractivos más comunes a nivel mundial. De acuerdo con especialistas citados por The Independent, cerca del 40 % de la población presenta esta condición, muchas veces sin saberlo.

El astigmatismo no siempre se manifiesta de forma evidente. En numerosos casos pasa desapercibido durante años, aunque puede afectar de manera progresiva la calidad de la visión, provocar cansancio ocular, dolores de cabeza y dificultar actividades cotidianas como leer, conducir o pasar tiempo frente a pantallas.

Cómo funciona la visión y qué ocurre con el astigmatismo

El ojo humano funciona de manera similar a una cámara fotográfica. La luz entra a través de la córnea, atraviesa el cristalino y se enfoca en la retina, donde se forma la imagen que el cerebro interpreta. Para que la visión sea nítida, estas estructuras deben tener una curvatura uniforme y precisa.

Cuando la córnea o el cristalino no son completamente redondeados, la luz no se concentra en un solo punto, sino que se dispersa en varios. Ese desajuste en el enfoque es lo que se conoce como error refractivo, y el astigmatismo es uno de los más frecuentes.

Astigmatismo regular e irregular

Existen dos tipos principales de astigmatismo. El regular es el más común y suele deberse a una córnea con forma ovalada. Aunque su causa exacta no siempre es clara, los especialistas coinciden en que la genética juega un papel determinante.

El astigmatismo irregular, en cambio, es menos frecuente y se presenta cuando la superficie de la córnea pierde su uniformidad debido a cicatrices, traumatismos o enfermedades como el queratocono, una afección que debilita la córnea y la hace adoptar una forma cónica.

Síntomas que pueden alertar

Según datos de la Cleveland Clinic y del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS), el astigmatismo puede provocar visión borrosa o distorsionada, dificultad para percibir contrastes, sombras o visión doble, mayor sensibilidad a la luz y una sensación constante de cansancio visual. Los dolores de cabeza y la fatiga ocular suelen intensificarse tras períodos prolongados de concentración, especialmente frente a pantallas.

En los casos leves, los síntomas pueden ser mínimos o inexistentes, pero a medida que el problema progresa, el esfuerzo visual aumenta y la calidad de la visión disminuye.

Diagnóstico: clave para una corrección oportuna

El diagnóstico del astigmatismo se realiza mediante un examen visual completo, llevado a cabo por un optometrista u oftalmólogo. Este incluye pruebas de agudeza visual y de refracción, que permiten evaluar cómo se desvía la luz al ingresar en el ojo y cuál es la graduación adecuada.

Para analizar la forma de la córnea se utilizan estudios como la queratometría y el examen con lámpara de hendidura. Cuando se sospecha un astigmatismo irregular, se recurre a pruebas más avanzadas, como la topografía corneal, que genera un mapa detallado de la superficie del ojo.

Opciones de tratamiento y corrección

El objetivo del tratamiento es lograr que la luz se enfoque correctamente en la retina. En la mayoría de los casos, el astigmatismo regular se corrige eficazmente con anteojos o lentes de contacto con graduación cilíndrica. También existen opciones como la cirugía refractiva con láser o la ortoqueratología, que utiliza lentes rígidas nocturnas para moldear temporalmente la córnea.

En el astigmatismo irregular, el tratamiento suele ser más complejo y puede requerir lentes de contacto rígidos o, en casos severos, procedimientos quirúrgicos como el trasplante de córnea.

La importancia de los controles visuales

Realizar exámenes de la vista de forma periódica es fundamental para detectar el astigmatismo y otros problemas oculares antes de que afecten significativamente la calidad de vida. Los especialistas recomiendan evaluaciones regulares desde la infancia y una mayor frecuencia a partir de los 40 años, cuando comienzan a aparecer cambios visuales asociados al envejecimiento.

Cuidar la salud visual no solo permite ver mejor, sino también prevenir molestias, reducir el cansancio diario y preservar una función tan esencial como la visión a lo largo del tiempo.

Este artículo fue publicado originalmente en Infobae y está protegido por derechos de autor. Todos los derechos reservados a Infobae. Puedes consultar el artículo original en su (https://www.infoabe.com).