Tres hábitos que ayudan a manejar el estrés emocional
Tres hábitos que ayudan a manejar el estrés emocional
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En un contexto donde el malestar emocional se ha vuelto parte del ritmo cotidiano, el psicoterapeuta cognitivo Owen O’Kane plantea una idea que rompe con la lógica habitual: el problema no es sentir ansiedad, sino la manera en que intentamos eliminarla. Para este especialista británico, aprender a convivir con ella resulta mucho más eficaz que combatirla sin descanso.

En conversación con New Scientist, el exdirector de salud mental del NHS y autor de Cómo ser tu propio terapeuta y Adicto a la ansiedad sostiene que aceptar este estado emocional, comprender por qué aparece y cambiar nuestra respuesta frente a él puede transformar de manera profunda la calidad de vida. Su propuesta se apoya en tres ejes fundamentales que buscan recuperar el control sin negar la experiencia interna.

La ansiedad no es el enemigo, es una señal

El primer paso consiste en cambiar la forma en que interpretamos la ansiedad. O’Kane explica que no se trata de un fallo del organismo, sino de un mecanismo de protección diseñado para alertarnos ante posibles riesgos. Desde esta mirada, la ansiedad cumple una función adaptativa: nos prepara, nos advierte y nos mantiene atentos.

El terapeuta propone dejar de verla como una amenaza interna y comenzar a tratarla como una voz que intenta cuidar. Cuando se la rechaza o se intenta silenciar a toda costa, suele intensificarse y limitar la toma de decisiones importantes, como aceptar un nuevo desafío laboral o iniciar una experiencia significativa.

O’Kane cuestiona las fórmulas rápidas que prometen eliminar la ansiedad de manera definitiva. Asegura que no existen soluciones mágicas y que cualquier enfoque basado en “apagar” el malestar solo ofrece alivio temporal. La clave, afirma, está en reconocer que la ansiedad siempre estará presente porque cumple una función esencial: obligarnos a prestar atención.

Regular el cuerpo para calmar la mente

El segundo pilar de su enfoque propone un giro interesante: en lugar de centrarse primero en los pensamientos, es más efectivo intervenir desde el cuerpo. Según O’Kane, la ansiedad se manifiesta inicialmente a nivel físico: aceleración del pulso, tensión muscular, sensación de alerta constante.

Cuando el cuerpo entra en ese estado, envía al cerebro el mensaje de que existe peligro, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal —encargada del razonamiento y la toma de decisiones— para actuar con claridad. Por eso, regular las respuestas físicas se vuelve una herramienta clave.

Prácticas como la respiración consciente, el ejercicio, el movimiento o incluso estímulos físicos breves pueden ayudar a enviar señales de calma al cerebro. El objetivo no es eliminar la ansiedad, sino indicarle al sistema nervioso que la amenaza ha pasado, permitiendo una respuesta más equilibrada y racional.

Cuestionar los pensamientos y aceptar la incertidumbre

El tercer eje se enfoca en la relación con los pensamientos ansiosos. O’Kane recuerda que las personas generan miles de pensamientos cada día y que muchos de ellos tienden a ser negativos o anticipatorios. Cuando la ansiedad domina, estas ideas suelen percibirse como verdades absolutas.

Para contrarrestar este efecto, el psicoterapeuta recomienda un ejercicio simple: escribir las preocupaciones y revisar con el tiempo cuántas de ellas realmente se concretaron. Este registro permite confrontar los miedos con los hechos y reducir su peso emocional. En la mayoría de los casos, señala, los pensamientos no se materializan como se temía.

Además, O’Kane identifica un factor central detrás del malestar persistente: la dificultad para tolerar la incertidumbre. Para él, la ansiedad puede definirse justamente como la incapacidad de aceptar que no todo está bajo control. Aprender a convivir con lo imprevisible, sin exigir certezas absolutas, resulta clave para reducir el impacto emocional.

Cada vez que una persona responde de forma distinta ante el malestar, está fortaleciendo nuevas conexiones neuronales que facilitan una relación más flexible y menos restrictiva con sus emociones.

Una convivencia posible

Lejos de promover la eliminación del malestar, la propuesta de Owen O’Kane invita a una relación más consciente y madura con la ansiedad. Reconocer su función, atender las señales del cuerpo y revisar los propios pensamientos abre el camino hacia una vida con mayor equilibrio, sin negar lo que sentimos ni quedar atrapados en la lucha constante contra la mente.

Este artículo fue publicado originalmente en Infobae y está protegido por derechos de autor. Todos los derechos reservados a Infobae. Puedes consultar el artículo original en su (https://www.infoabe.com).